Ahora y Siempre Ángel Pérez Pueyo

29 de septiembre de 2017

«Es el Señor» (Jn 21,7)

El primer domingo de octubre celebramos en Aragón el «Día de la Educación en la Fe». Con motivo de esta importante jornada, los Obispos de las diócesis aragonesas dirigimos nuestro agradecimiento, nuestro apoyo y un mensaje de aliento a los sacerdotes, catequistas, profesores de Religión, padres, monitores, agentes de pastoral y todas las personas que, de un modo coordinado entre la familia, la parroquia y la escuela, trabajáis en la transmisión de la fe.

Existe un profundo vínculo entre la experiencia de la fe y la misión educativa. La educación en la fe expresa la solicitud de la Iglesia por todas y cada una de las personas a las que Jesucristo se acerca para responder a sus necesidades de vida, plenitud y sentido.

La educación en la fe brota de la misma identidad de la Iglesia, que se siente enviada por el Señor: «Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación» (Mc 16,15). Fiel al mandato misionero, la comunidad cristiana es consciente de que «evangelizar constituye, en efecto, la dicha y vocación propia de la Iglesia, su identidad más profunda. Ella existe para evangelizar» (Evangelii nuntiandi 14).

Más que asumir actitudes meramente reactivas y defensivas ante la sociedad, que parece ignorar y despreciar valores absolutos, los educadores en la fe estáis llamados a asumir actitudes proactivas que reafirmen el valor y la dignidad de las personas y que favorezcan el encuentro con el Señor. Con ánimo gozoso y sereno, sabéis que vuestra tarea consiste en proponer, alentar, animar, acompañar, discernir e integrar. En definitiva, custodiar, alimentar y promover la memoria de Jesucristo.

«La alegría del Evangelio llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Jesús. Quienes se dejan salvar por él son liberados del pecado, de la tristeza, del vacío interior, del aislamiento» (Evangelii gaudium 1).

Ante la dificultades que encontramos cada día, corremos el riesgo de convertirnos en «seres resentidos, quejosos, sin vida» (EG 2). De hecho, «los que más disfrutan de la vida son los que dejan la seguridad de la orilla y se apasionan en la misión de comunicar vida a los demás» (EG 10). Como los discípulos de Jesús, que en tantas ocasiones, lanzaron sus redes siguiendo las palabras del Señor.

El mundo actual necesita recibir la Buena Nueva «no a través de evangelizadores tristes y desalentados, impacientes o ansiosos, sino a través de ministros del Evangelio, cuya vida irradia el fervor de quienes han recibido, ante todo en sí mismos, la alegría de Cristo» (EG 10).

Los educadores, las comunidades y las instituciones educativas tienen por delante un intenso trabajo que concierne a su propia identidad y a la misión que se ha de vivir de modo apasionado.

Los educadores en la fe valoráis la pedagogía de los acontecimientos y de las personas. Contribuís a conocer y valorar las acciones de Dios en la historia de la salvación y el significado de las personas: Jesucristo, la Virgen María, los apóstoles, los personajes del Antiguo y del Nuevo Testamento, los santos, los testigos y todos aquellos en los que se descubren los rasgos de la gozosa identidad cristiana.

San Juan narra en el último capítulo de su evangelio una bella escena en la que algunos discípulos, después de la muerte y resurrección de Jesús, se embarcaron una noche con la intención de pescar y no cogieron nada. Cuando amaneció, Jesús se presentó en la orilla, pero los discípulos no le reconocieron. Después de seguir las indicaciones de Jesús, no podían sacar la red por la multitud de peces. Y el discípulo a quien Jesús amaba dijo a Pedro: «Es el Señor» (Jn 21,7).

Después de mucho esfuerzo baldío, como consecuencia de muchas jornadas de trabajo aparentemente infructuoso, también vosotros estáis llamados a reconocer la presencia viva del Señor de la vida. Estáis llamados a escuchar el gozoso anuncio que surge del corazón abierto y lleno de amor: «Es el Señor». Y os sentís enviados a comunicar esta Buena Noticia sin miedo ni resistencia.

Que la Virgen María, discípula misionera, creyente fiel, maestra de esperanza, testigo del amor, estrella de la nueva evangelización, interceda por todos vosotros para que reconozcáis al Señor en todos los momentos y circunstancias de vuestras vidas.

Recibid nuestra gratitud y nuestro afecto, junto con nuestra bendición.

+ D. Vicente Jiménez Zamora, Arzobispo de Zaragoza

+ D. Julián Ruiz Martorell, Obispo de Huesca y de Jaca

+ D. Eusebio Hernández Sola, Obispo de Tarazona

+ D. Ángel-Javier Pérez Pueyo, Obispo de Barbastro-Monzón

 + D. Antonio Gómez Cantero, Obispo de Teruel y Albarracín 

 

22 de septiembre de 2017

El 26 de agosto pasado, en la explanada de Lourdes, traté de explicárselo a los cuarenta jóvenes voluntarios que peregrinaron al santuario francés con la Hospitalidad diocesana de Ntra. Sra. de Lourdes. Os comparto las siete pinceladas que adapté de J. Jauregui, por si os pueden ayudar:

  1. ¡Dios sueña con tu «excelencia». No te conformes con menos! La arcilla cuando es barro, vale muy poco. Pero modelada por el ingenio del artista se hace obra de arte. Del lodo de los caminos pasa a los grandes museos… ¿Qué puedes hacer con tu arcilla (vida)?
  2. ¡Dios sueña con tu «excelencia». No te conformes con menos! El tronco de un árbol puede pudrirse en el bosque o ser cortado para leña. También puede ser tallado por el alma de un artista y convertirse en una magnífica estatua. ¿Qué escultura querrías que Dios modelase en ti?
  3. ¡Dios sueña con tu «excelencia». No te conformes con menos! El estiércol puede quedarse para siempre en «excremento». Sin embargo, aplicado a la tierra se convierte en abono que la vivifica. La vida es y vale aquello que tú eres capaz de hacer con ella.
  4. ¡Dios sueña con tu «excelencia». No te conformes con menos! Después de mil trescientos años, se encontraron unas semillas se-cas en las pirámides. Todos pensaron que ya no servirían. Alguien las sembró. Volvieron a dar trigo. Nunca tu vida estará tan seca que no pueda reverdecer.
  5. ¡Dios sueña con tu «excelencia». No te conformes con menos! La tierra puede ser puro erial. O puede ser un lugar de sementera donde la primavera hace florecer de espigas los tallos. Puede ser también alfombra de flores. De ti depende hacer de la vida un desierto o un vergel.
  6. Dios sueña con tu «excelencia». No te conformes con menos. No pidas que sea Él quien lo haga todo en ti. El respetará tu libertad y tu conciencia, no hará por ti lo que no quieras hacer. Que nadie pueda decir que eres menos de lo que Dios soñaba de ti.
  7. ¡Dios sueña con tu «excelencia». No te conformes con menos! Todo depende de tu decisión. Decídete. No estés jugando con tus miedos ni con tus indecisiones. Juega a ganar. Juega a SER. Y lo serás.

 

 

28 de julio de 2017

 

B) LA PASTORAL JUVENIL VOCACIONAL (Cont.)

 

9. ¿Los jóvenes se dejan orientar?

El joven, cuando se percibe querido y no se siente juzgado ni amenazado, suele ser muy auténtico, sincero, noble, abierto, libre… Me parece que hoy el déficit mayor es de acompañantes. En este “cambio de época” no ha sido fácil preparar animadores acompañantes de jóvenes. Por otra parte, si los padres “aceptan” que los valores de la “sociedad de consumo” sean los valores que guíen a sus hijos, no les educan bien. La “generación del bienestar” no hace a los jóvenes más autónomos y felices, sino más vulnerables y dependientes y confunden la satisfacción con la felicidad.

Los jóvenes, sin embargo, cuando se dan cuenta de estos engaños de la “sociedad de consumo”, suelen apostar por opciones de vida radicalmente evangélicas. La mediocridad no engancha a nadie.

 

10. El mundo digital

Es la manera que tienen de relacionarse con los demás. De hecho, hoy «analfabeto» no es únicamente quien no sabe leer ni escribir sino quien se ha descolgado de este nuevo sistema de comunicación.

Hay que darse cuenta de que con estos medios la relación es más superficial y emocional que lógica y racional.

 

11. Las jornadas mundiales de la juventud y otros encuentros

He participado en tres JMJs y en el evento de Ávila en 2015. Al principio fui muy escéptico. Pensaba que eran simplemente «fuegos artificiales». Demasiada pólvora para tan poca «traca». Hoy, sin embargo, creo que estos grandes eventos ayudan  a muchos jóvenes a darse cuenta de que no están solos y de que la fe sigue iluminando su vida. Muchos, al ver el testimonio de otros jóvenes, despiertan al «Dios dormido» que llevaban dentro. Algunos han descubierto las cualidades con que Dios ha adornado su propia vida para que la ofrezcan y la regalen en favor de los demás. Son muchas las vocaciones que de allí han surgido para la vida matrimonial, religiosa o sacerdotal.

 

12. En la realidad de vuestras Diócesis, (parroquias, colegios, movimientos, prelatura, grupos apostólicos…)

Creo que en la mayoría de las Diócesis se ha trabajado apostólicamente como nunca... a pesar de que los frutos objetivos sean tan exiguos. Esto me ha hecho pensar si tantas “cosas” como hemos organizado han propiciado realmente el encuentro con el Señor, su seguimiento y el compromiso radical. Si se deja «morir a Cristo» en la vida, el espíritu de comunión, y de corresponsabilidad se va paulatinamente difuminando. Y van muriendo todas las vocaciones. Volvamos al encuentro con el Señor y volverán a recrearse espacios de vida y de comunión… «microclimas» donde poder crecer y madurar como persona, como profesional, como creyente… comunidades de «llamados» que «llaman» y «acompañan», a su vez, a otros «llamados».

 

C) LOS ACOMPAÑANTES

 

13. ¿Cuánto tiempo y espacio dedican los pastores y los otros educadores al acompañamiento espiritual personal?

Se va recuperando lentamente la figura del acompañante (antiguamente el director espiritual). Es la principal tarea que debiera hacer todo sacerdote y/o todo educador. Otra tarea importantísima es la formación integral y la celebración. Todo lo que se cree y se vive, se celebra.

Habría que volver, como antes, a ofrecer a cada muchach@ una persona que velara humanamente y espiritualmente por él, como su amigo, como su hermano o como su padre.

 

14. ¿Puedes enumerar las propuestas pastorales de acompañamiento y discernimiento vocacional que hay en vuestra diócesis (parroquia, colegio, movimiento…)?

En general son los movimientos o los grupos apostólicos quienes tratan de cuidar a sus jóvenes ofreciéndoles un ritmo de vida en GRACIA, oración, lectura creyente de la Palabra, dirección espiritual, frecuencia de los sacramentos: eucaristía y reconciliación…

Los jóvenes de las parroquias, una vez que se han confirmado, suelen desaparecer.

 

15.- Para jóvenes que han iniciado un camino de discernimiento vocacional a la vida consagrada ¿qué acompañamiento personal se propone en los seminarios y noviciados?

Pienso en general, y no sólo en la pregunta, que es específica para seminarios y noviciados.

En el acompañamiento, en general, el peligro no es qué acompañamiento se ofrece sino qué capacitación han recibido los que deben acompañar. A veces están más necesitados los acompañantes que los propios acompañados de ser sostenidos y vivificados. Este va a ser, una vez coordinada y armonizada la pastoral de la Diócesis, mi humilde servicio con cada uno de los agentes de pastoral que colaboran en la evangelización: ayudarles a elaborar su propio proyecto personal de vida y acompañarles personalmente para que ellos, a su vez, puedan sostener a los que les han sido confiados apostólicamente.

 

D) PREGUNTAS ESPECÍFICAS POR ÁREAS GEOGRÁFICAS

 

16. Mirada hacia el futuro

Creo que el trabajo hoy con los jóvenes ha de ser «cuerpo a cuerpo». Uno a uno. Quererlo como es. Que no se sienta ni juzgado ni amenazado. Estar a su disposición para cuando te necesite. Y ofrecerles otras alternativas de felicidad: descubrir su hermosura interior, el diamante incrustado que hay en su alma: bastaría con que lo fuera tallando… para que emerja el Dios que lleva dentro de él mismo.

 

17. Los jóvenes a menudo se sienten descartados y rechazados por el sistema político, económico y social en el que viven.

Todo lo que huela a institucional, les repele. También de la Iglesia.

A la “sociedad” le interesa el joven, no tanto como persona en crecimiento que debe ser cuidada personalmente, sino como consumidor potencial. Desgraciadamente es utilizado, permítaseme la expresión,  como «carne de cañón» de todas las seducciones posibles que se inventan para tenerlos atrapados y subyugados.

 

18. Relaciones intergeneracionales

Hay poca conexión entre jóvenes y mayores y no se repara en ellos. Desde que son pequeños, como los padres viven tan estresados, les llenan de cosas con las que distraerlos para que no molesten y estén entretenidos. No suele dedicarse el tiempo necesario para estar, compartir y jugar con los hijos. 

La naturaleza es muy sabia y hace fértil a la mujer cuando puede ser madre. Hoy, frecuentemente, se retrasa la maternidad y la paternidad. Muchos son realmente “abuelos” cuando les toca ser padres primerizos. Y no tienen ni ganas ni humor para jugar con sus hijos. Y menos de escucharlos, educarlos e interpelarlos. Muchos han abdicado de la hermosa misión (que no función) de padre o de madre dejando de lado cuestiones que ayudarían a madurar a sus hijos. Algún día serán los propios hijos quienes les reprochen el haberles privado de Dios, es decir, de la dimensión de trascendencia que es una dimensión constitutiva de todo ser humano.

Como en una familia integrada por los abuelos, los padres y los hijos con diferentes edades, de igual forma deberían constituirse los grupos en nuestras parroquias para que fueran comunidad de comunidades. La diversidad enriquece y permite que los más jóvenes aprendan de la experiencia de los mayores. Los hijos reproducen, a su manera, los modelos educativos que siguieron sus padres.

 

Con mi afecto y bendición

Ángel Pérez Pueyo

Obispo de Barbastro-Monzón

21 de julio de 2017

El Papa Francisco ha convocado un Sínodo de Obispos en Roma para octubre de 2018: quiere conocer el sentir de los propios jóvenes. Ha dado en el clavo eligiendo como lema: «Los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional». Subraya, así, lo medular. En la vida sólo hay una pregunta realmente importante a la que tenemos que responder: ¿desde dónde quieres, Señor, que te ame; desde dónde quieres, Señor, que te siga; desde dónde quieres, Señor que te sirva?

Dios ha hecho tan bien las cosas que ha adornado a cada uno de sus hijos con las cualidades necesarias para que pueda colaborar en la construcción de la civilización del amor y participar eternamente de su propia felicidad. Lo audaz es descubrir la «talla» hermosa que ha esculpido en nuestro propio corazón. Lo fuerte es dejarse modelar por Él. Nuestra tarea es ir quitando todo lo que sobra hasta que la «escultura» emerja a la superficie. Así es toda vocación: una GRACIA, un verdadero regalo al servicio de la humanidad. El Papa Francisco ha situado la pastoral vocacional dentro de la pastoral juvenil como el proceso natural que todo joven realiza hasta que hace su propia opción de vida.

Los jóvenes de nuestra Diócesis, el pasado 6 de mayo, tuvieron una «quedada» conmigo, su obispo, en Roda de Isábena para «abrir la maleta de sus sueños», recrear el futuro de la Iglesia y poder expresarle al Papa sus propios anhelos e inquietudes. Fue la respuesta que fluía del corazón de estos jóvenes que no soportan la injusticia ni aceptan doblegarse a la cultura del descarte o de la globalización. “Abrid vuestro corazón a Dios, -les exhortaba como obispo suyo acercándolos a Jesús Eucaristía-, dejaos tocar por Cristo, dejaos sorprender por su ternura, dadle la oportunidad de que os hable. Abridle de par en par las puertas de vuestro corazón. Expresadle vuestros anhelos, ilusiones, vuestros miedos y temores. Cobijaos en su amor misericordioso. Que Él ilumine con su luz vuestra mente y os toque con su gracia el corazón. No os arrepentiréis. Jesús es alguien real. Es tu amigo del alma que nunca te fallará. Háblale al corazón”.

Aquella tarde, el centenar de jóvenes que se dio cita en aquel emblemático lugar donde nacimos como Diócesis, expresaron libremente sus sentimientos, anhelos y preocupaciones. Perdonad mi osadía: que un «sesentón» se atreva ahora a responder el mismo cuestionario. Mi único anhelo es abriros el corazón y expresaros lo que siento y lo que estoy dispuesto a hacer por vosotros. Pero, sobre todo, me gustaría animaros a todos los jóvenes, entre 16 y 30 años, cercanos, indiferentes o alejados de la Iglesia, a que expreséis con total sinceridad lo que pensáis, sentís y buscáis. Mandádselo, antes del 1 de septiembre, por email a Coke y Lolo, nuestros Delegados de Pastoral Juvenil, para que se lo puedan remitir al Papa Francisco. Su email: Esta dirección electrónica esta protegida contra spam bots. Necesita activar JavaScript para visualizarla  o  Esta dirección electrónica esta protegida contra spam bots. Necesita activar JavaScript para visualizarla  

 

A) JÓVENES, IGLESIA Y SOCIEDAD

 

1. ¿Sé escucha hoy a los jóvenes?

No lo suficiente. Ni siquiera a los que están más cerca de la Iglesia. Se les suele ofrecer servicios de formación, celebraciones, servicios de entretenimiento… que muchas veces no responden ni a sus expectativas ni a sus necesidades.

 

2. ¿Cuáles son los desafíos y las oportunidades de los jóvenes hoy?

Ofrecerles un trabajo digno con el que puedan abrirse camino y ganarse la vida, constituir una familia… y crecer como personas.

Darles alguna responsabilidad en el ámbito eclesial: diócesis, parroquia, grupo apostólico, movimiento, cofradía…. que les ayude a implicarse, a comprometerse, a madurar.

 

3. ¿Qué tipos, lugares y espacios de grupo juvenil, institucional o no institucional están teniendo más éxito en el ámbito eclesial o no eclesial? ¿Por qué?

Todo va mejor si en los grupos apostólicos, movimientos, cofradías… los jóvenes se sienten acogidos, escuchados, respetados y queridos. Nuestras parroquias deberían ser espacios de relación y comunión y no sólo lugares de “administración de sacramentos”. Por ahora no está cuajando ninguna comunidad juvenil.

 

4. ¿Qué pides a la iglesia?

Que me ofrezca a Cristo. El resto viene por añadidura. Cuando un joven se ha encontrado personalmente con Jesucristo, descubre cómo su vida se ilumina, se transforma, vibra y hace vibrar a los demás a través de su testimonio de vida.

 

5. ¿Cómo y dónde podéis encontrar jóvenes que no frecuentan vuestros ambientes eclesiales?

En la propia vida ordinaria, en el colegio, en la pandilla de amigos, en el barrio, en el trabajo, en los diferentes grupos deportivos, culturales, de ocio… Lo que realmente les «descoloca» a los más alejados es la alegría que contagian sus compañeros cristianos a través de su autenticidad, sencillez, humildad, coherencia de vida...

 

B) LA PASTORAL JUVENIL VOCACIONAL

 

6. La familia

El papel que ocupa la familia con los hijos, aunque muchos padres ya hayan arrojado la toalla, es insustituible. Es una iglesia doméstica para quienes aciertan a vivir la vida como llamada-respuesta a la voluntad de Dios. Es en el propio hogar donde se descubren y cultivan realmente todos los valores con que Dios ha adornado a cada uno de sus hijos. «Vocacionalizar» la familia es una asignatura pendiente. También “vocacionalizar” la parroquia y la propia Diócesis, poniéndola en «clave de SOL - MISIÓN».

 

7. Escuela / Universidad

 Aun siendo muy importantes y contribuir a la madurez de los jóvenes, siempre cumplen una tarea subsidiaria. Los maestros, los profesores, el personal no docente… son siempre una mediación necesaria, pero complementaria.

 

8.- Otros ámbitos

La pandilla, que actualmente es el ámbito natural de socialización, y todo grupo recreativo, deportivo, cultural o religioso que entrañe un sentimiento fuerte de pertenencia y de compromiso, donde pueda sentirse útil, haciendo algo por los demás.

Seguiremos la semana que viene.

 

Con mi afecto y bendición

Ángel Pérez Pueyo

Obispo de Barbastro-Monzón 

 

30 de junio de 2017

La liturgia de este domingo nos adentra en el discurso apostólico de Jesús. En dicho discurso agrupa varios dichos o sentencias. Sus primeras palabras no aluden al testimonio de quien evangeliza sino al encuentro personal con Jesús ante el cual todo queda relativizado. Desde aquí habría que entender también nuestro seguimiento al Señor y la misión evangelizadora que nos ha sido confiada.

La relación entre Cristo y su discípulo es tan estrecha, tan exclusiva y tan radical que se nos antoja casi imposible de llevar a cabo. Es necesario contextualizarla desde la mentalidad del siglo primero. En aquella época, la relación de parentesco lo era todo: servía como lugar de socialización, de refugio en la enfermedad, como ámbito de defensa…, de tal forma que una persona sin este grupo de referencia no era nadie; se convertía en un marginado social. En este contexto, Jesús hace una petición drástica a su seguidores: “El que ama a su padre o a su madre más que a mí no es digno de mí” como para expresar que el seguimiento incondicional va más allá del puro sentimiento. No es cuestión de afectividad sino de elección efectiva. Jesús no pide que el discípulo deje de querer a su familia; lo que exige es que si los lazos familiares fueran un obstáculo insalvable para optar por el Reino, éste tiene la primacía.

Pero no acaba aquí todo. Hay algo más todavía. La persona de Jesús y su mensaje deben anteponerse a todo. Seguir a Jesús conlleva muchas veces cargar con la cruz que no esperabas y abrazarla como Él. “El que no toma su cruz y me sigue, no es digno de mí”. Sólo entonces puede convertirse la cruz en pórtico de gloria, en signo de seguimiento, en señal de amor y de entrega…

Cuentan que un hombre se quejaba de su suerte por la cruz que le había tocado en la vida. Cuando regresaba del trabajo, todos le parecían que eran más felices que él.  Un día el Señor lo esperó a la puerta de su casa. “Ven conmigo”, le dijo, y podrás escoger otra cruz a tu gusto.  Y le llevó a una gruta llena de cruces de todos los estilos, tamaños y calidades. “Son las cruces de los hombres”, le dijo el Señor. “Elige la que quieras”. El hombre dejó su cruz en un rincón y fue escogiendo. Probó una cruz ligera, pero era muy fea y la dejó. Luego una muy bonita, pero se le clavaba en los hombros. Después una de metales preciosos, pero pesaba mucho y no podía caminar. Probó una y otra vez, pero tenían defectos y las dejó. Por fin en un rincón encontró una pequeña cruz. No era muy bonita, pero parecía a propósito para él. La probó y dijo: “Me quedo con esta”. Al salir de la gruta se dio cuenta de que había escogido la que dejó al entrar. La besó y se la volvió a colgar sobre su cuello. Providencialmente, desde aquel momento, se convirtió en una verdadera oportunidad, en la mediación privilegiada para ofrendar su vida por los demás. Se convirtió realmente en pórtico de gloria. Cruz y amor son sinónimos para el seguidor de Jesús. Ser discípulo cristiano supone una entrega tan plena que constituye una rendición sin condiciones a Cristo, debido a la urgencia del Reino de Dios, para que nadie se pierda, ante el cual todo queda en segundo lugar, incluso la propia vida y los afectos personales o familiares. No hay otro modo de ser cristiano sino amando incondicionalmente a Jesús. «Amando hasta que duela».

Mateo describe cuatro tipos de mensajeros: los apóstoles, los profetas, los justos y los pequeños. Los apóstoles eran mensajeros del Evangelio que enseñaban y proclamaban la buena noticia. Los profetas eran predicadores itinerantes que imitaban la radicalidad de vida de Jesús e iban recordando sus enseñanzas. Los justos eran cristianos procedentes del judaísmo que buscaban ser fieles a la ley de Moisés desde las enseñanzas de Jesús. Por último, los pequeños eran los creyentes en proceso de maduración de su fe. Una de las peculiaridades, que sólo se encuentra en Mateo, es que todos los miembros de la comunidad tienen la dignidad de enviados y la misión de anunciar el evangelio. Anunciar la Buena Noticia de Jesucristo, como acabamos de ver, nos compromete a todos. Sin embargo, lo que nos caracteriza e identifica como seguidores de Jesús no es la mera proclamación de un mensaje, sino la adhesión a la persona de Jesucristo. Ser discípulo implica identificarse con Cristo. Esta identificación no está exenta de conflictos y sufrimientos, pero también ofrece una generosa recompensa. En la primera lectura la familia sunamita recibe como recompensa de su hospitalidad un hijo varón. La mayor de las recompensas, dirá Pablo en la segunda lectura, es compartir la vida en plenitud que nos ha dado el resucitado. Por su parte el evangelio alude a una recompensa doble, por una parte, la de ser representantes del Señor aquí en la tierra, y por otra, obtener la vida eterna.

Reconozco que el evangelio de hoy resulte incómodo y tengamos la tentación de pasarlo por alto. Sin embargo, al igual que nos está sucediendo en la Diócesis a la hora de implicar a todos en la evangelización (en la «orquesta»), la clave está en propiciar primero un encuentro personal con el Señor. La mayor alienación del hombre no es Dios sino la idolatría del poder y del dinero, que cierran el corazón al amor y a la justicia por el egoísmo que genera. Sólo Cristo puede liberarnos y sanarnos del único pecado, el DESAMOR.

 

Con mi afecto y mi bendición

Ángel Pérez Pueyo

Obispo de Barbastro-Monzón

 

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