2 de julio de 2017

«Nuestra historia está escrita en las piedras»

El día 18 de mayo se cumplía el 500 aniversario de la consagración de la santa iglesia catedral de Barbastro. Testigo de ello son las doce cruces que todavía se conservan en los muros que recorren el templo.

La advocación de esta catedral a Santa María continúa con la que tenía en el templo precedente. El 21 de junio de 1517 el Consejo de la ciudad dispone que se construya una iglesia mayor a Nuestra Señora. Esta decisión, según refiere la directora del Museo Diocesano Dª María Puértolas, obedece, por una parte, al deficiente estado en el que se encontraba el templo, también al incremento de la población de la ciudad pero, sobre todo, al deseo de los barbastrenses de tener un recinto digno que satisficiese sus aspiraciones de volver a convertirse en cabeza episcopal para lograr la restauración de la sede episcopal perdida en el siglo XII.

Las carencias económicas y las dificultades de financiación obligaron a tener que pedir préstamos, otorgar bulas e indulgencias, pedir limosnas e incluso tener que recurrir a la sisa, impuesto indirecto sobre la carne y el pan para financiar las obras. Con todo, la erección de este magnífico templo de planta de salón, fue posible gracias a la suma de esfuerzos de un pueblo que en el siglo XVI contaba con unos 3000 habitantes.

La capitulación de las obras se firma el 26 de junio de ese mismo año con el maestro Luis de Santa Cruz, dando así comienzo las obras. Este se encargará de demoler el edificio anterior e iniciar la fábrica de la cabecera con piedras de derribo del edificio anterior, con piedras de Zaidín para las partes estructurales y de las canteras de Montarruego para el resto. A este maestro le sucederá Juan de Sarineña, aragonés, y uno de los grandes maestros de la primera mitad del siglo XVI. La obra fue terminada por Juan de Segura quién volteó las magníficas bóvedas de crucería estrellada, dirigió los trabajos de ornamentación al interior: las 458 fantásticas “rosas” que simulan un cielo estrellado, el letrero que recorre los muros del templo que funciona como una especie de acta de consagración del templo y en cuya última parte, justo sobre el retablo de san Ramón,  se puede leer “toda hermosa eres amiga mía, y en ti no hay defecto” con una doble alusión, por un lado a la Virgen, puesto que es un extracto del Cantar de los Cantares y por otro lado a la fábrica del templo, del que tan orgullosos se han sentido siempre los habitantes de Barbastro. Sustancialmente el templo está terminado en 1533. Y, desde entonces, acoge a todos los fieles de la ciudad y de la Diócesis de Barbastro-Monzón como “Ecclesia Mater”.

Ojalá, por muchos siglos, los hijos de esta porción del Alto Aragón que reconocemos en este templo nuestro verdadero hogar, podamos seguir entonando este bello himno:

Piedra angular y fundamento eres tú, Cristo

del templo espiritual que al Padre alaba,

en comunión de amor con el Espíritu

viviente, en lo más íntimo del alma.

Piedras vivas son todos los cristianos,

ciudad, reino de Dios edificándose

entre sonoros cánticos de júbilo indecible

al Rey del universo, templo santo.

El cosmos de alegría se estremece

al latido vital de nueva savia

pregustando el gozo y la alegría

de un cielo y una tierra renovados.

Cantad, hijos de Dios, adelantados

del Cristo total, humanidad salvada,

en la que Dios en todos será todo para siempre,

comunión de vida en plenitud colmada.

Demos gracias al Padre, que nos llama

a ser hijos en el Hijo bienamado,

abramos nuestro espíritu al Espíritu,

adorems a Dios que a todos salva. Amén.

 

Con mi afecto y bendición

Ángel Pérez Pueyo

Obispo Barbastro-Monzón