Ahora y Siempre Ángel Pérez Pueyo

16 de diciembre de 2016

Perdonad mi osadía al haceros cómplices de la iniciativa que el P. Raúl Revilla, capellán de la cárcel de Zuera, viene realizando desde hace algunos años. Se trata de algo tan sencillo como ofrecer una tarjeta telefónica, por valor de cinco euros, como regalo de Navidad a los presos de las cárceles de Aragón para que puedan llamar a sus familias desde la cabina telefónica de su propio módulo.

En alguna ocasión os conté que los obispos de Aragón nos dividimos la animación y coordinación de las distintas áreas pastorales de la Provincia Eclesiástica. En el reparto me tocó la pastoral penitenciaria, la pastoral de la salud, la pastoral social (CARITAS), medios de comunicación y, desde hace unos días, la pastoral juvenil.

Cuando me presenté ante los delegados, los capellanes, los voluntarios y las demás personas (funcionarios de prisiones, personal de servicio, docentes, familiares de los presos, etc.) que están vinculadas al mundo de la cárcel en los diferentes centros penitenciarios de Aragón, y les pedí que me ayudaran a entender cuál era mi función pastoral… se sonrieron. Han bastado tres reuniones y una visita a la cárcel de Zuera, con ocasión del año jubilar de la misericordia, para darme cuenta de que estaba ante el ámbito pastoral más «gratuito» y «providente» que podía dinamizar ya que me iba a tocar trabajar pastoralmente con aquellos que todo el mundo menosprecia o ignora, con aquellos que nos gustaría, si pudiéramos, borrar de nuestra vida y de nuestra familia, de nuestro entorno social porque nos desprestigian.

Hace unas semanas, cuando tuvimos la última reunión en la que intentamos articular un proyecto pastoral conjunto en la Provincia Eclesiástica de Aragón, establecimos como lema: «los presos también son Iglesia». Durante el viaje de regreso a Barbastro, mi mente no paró de combinar las posibles variables que llegaron a conmoverme y a encogerme el corazón: «los presos son personas como tú y como yo», «los presos tienen corazón», «los presos también tienen una familia»… Y me acordé de las experiencias que el P. José Sesma, responsable nacional de pastoral penitenciaria, cuando trabajábamos los dos en la Conferencia Episcopal Española, me contaba sobre los presos en este tiempo navideño.

Soy consciente también de las reticencias que algunos me han manifestado al respecto. Sin embargo, creo humildemente que más allá de la justicia humana, para todo creyente, se abre la esperanza que Dios ofrece a todos. Si no puedo quererte por lo que has hecho, sí por lo que eres (criatura divina) en el corazón de Aquel que te creó por amor y te dotó de todas las cualidades para que pudieras ser feliz. La vida, que no siempre hace justicia con todos, a veces, nos ha alejado de aquel sueño que Dios tenía sobre cada uno. Nuestro servicio pastoral se torna en un proyecto apasionante porque, de forma altruista, intentamos prevenir y/o recuperar en cada recluso la dignidad de hijo muy queridos por Dios y/o ayudarle a reinsertarse cuando haya cumplido con la justicia. Precisamente aquellos que no han sabido, no han querido o no han podido, en un momento dado de su vida, estar a la altura de su dignidad y/o de su condición humana, van a ser el objeto de nuestra predilección. En la tierra ya han sido juzgados y condenados. En cambio, en nuestro corazón tocado por la «ternura de Dios», seguirán teniendo cabida y trataremos de entreabrirles las puertas del cielo que también ellos ansían y que Dios les ha prometido si aciertan a pedir perdón a los familiares de sus víctimas y logran cambiar de actitud de vida.

Me gustaría que este pequeño signo fuera secundado por muchos de nuestros jóvenes, de los que me consta su generosidad, y pedirles que sean solidarios con los que todo el mundo desprecia y juzga, ofreciéndoles el importe de lo que cuesta la tapa y la caña que se tomará con sus amigos durante las navidades. Y canjearlas (tapa y caña) por una tarjeta de 5€ que pudiera regalarles en su nombre cuando celebre con ellos la eucaristía el día de Navidad.

Termino trascribiendo este whatssap que me han enviado: «Acabo de enterarme de la iniciativa de las tarjetas. ¡Cuánto puede ayudar a los presos! Estuve unos años como abogada en el turno de oficio penal y ha sido una de las experiencias más enriquecedoras que he vivido. Defendiendo a esas personas conocí vidas muy duras y conocí un Barbastro distinto del que salta a nuestra vista hoy. Sin olvidar cuál era mi labor profesional, siempre tuve claro que eran mis hermanos. Familia, como muy bien dice usted. El turno de oficio me hizo ver la vida de otra manera. Por eso comprendo lo que puede significar para muchos de ellos estas tarjetas telefónicas».

Con mi afecto y bendición

Ángel Pérez Pueyo

Obispo de Barbastro-Monzón

Animador y Coordinador de la Pastoral Penitenciaria en las Diócesis de Aragón.

9 de diciembre de 2016

La disposición previa para el cambio total que pide la conversión es saberse frágil, vulnerable, humilde, necesitado del bálsamo (perdón) de Dios… Justo lo contrario de lo que hacían los dirigentes del pueblo (fariseos, saduceos, escribas, letrados, sumos sacerdotes, etc.) que buscaban su propia coartada aunque, a la larga, fuera descubierta y desenmascarada. Necesitamos convertirnos continuamente para preparar la llegada del Señor a nuestra vida y vivirla con coherencia. Pero ¿de qué nos tenemos que convertir?, se preguntarán muchos, extrañados. Del pecado que anida en nuestro corazón y que tiene múltiples manifestaciones, como por ejemplo: el egoísmo, la soberbia, la agresividad, la violencia, la lujuria, la mentira, el desamor, la hipocresía, la apatía, la desesperanza, etc., y llegar a ser altruistas, generosos, humildes, pacíficos, castos, serviciales, acogedores, sinceros, testigos de la esperanza. Sin olvidar los pecados de omisión, pues cuánto bien y cuánto testimonio cristiano dejamos de hacer por cobardía, por comodidad o por pereza.

Es hora de espabilarse / de despertar del sueño.

Ya es hora de abrir los ojos / de ver la luz.

Ya es hora de levantarse / de reconocer la aurora.

Ya es hora de contemplar la salvación / de percibir lo nuevo.

Ya es hora de descubrir la presencia de Dios / de aceptar la salvación.

Ya es hora de hacer un sitio a Dios / de acoger la salvación.

Ya es hora de decir sí a Dios / de dejar atrás el pesimismo.

Ya es hora de poner la mano en las obras del reino / de comprometerse un poco más.

Ya es hora de dejar las tinieblas / de comenzar a sentir la presencia de Dios.

Ya es hora de abrir las puertas cerradas / de dar la palabra a los sin voz.

Ya es hora de romper el miedo / de atravesar el túnel y dejar la noche.

Ya es hora de mirar con esperanza / de despertar

La luz del día está encima.

¿No veis que Dios lo llena todo?

¿No veis que Dios está naciendo en cosas sencillas?

¿No sentís que todo habla de Dios?

¿No sentís que Dios está llamando a la puerta

¿No sentís que Dios tiene un sitio aquí?

¿No sentís su brisa, su trueno, su voz?

¿Qué signo de esperanza eres tú para el mundo?

¿Qué signo de esperanza descubren en tu vida? 

2 de diciembre de 2016

El cuarto domingo antes de Navidad se inicia el nuevo año cristiano. A partir de esa fecha la Iglesia te invita a celebrar el misterio de la fe de manera progresiva: adviento – navidad – cuaresma –semana santa – pascua – tiempo ordinario, para que descubras a Dios, sientas su cercanía y su cariño, experimentes su salvación y recuperes tu propia dignidad... Y, aunque pueda resultarte paradójico, vuelven a ser los más pobres y desvalidos (los «pastores» de ayer) quienes se dejan envolver y fascinar por tan inusitado MISTERIO de amor.

El pasado 27 de noviembre iniciábamos, con el adviento, este tiempo de gracia que nos ayudará a prepararnos con expectación a esta sorprendente visita. Los cristianos, como recordaba San Bernardo, no sólo conmemoramos el recuerdo entrañable de su primera visita, o nos preparamos para su visita definitiva al final de los tiempos, sino que celebramos y actualizamos la visita de Dios hoy al mundo, a tu país, a tu ciudad o a tu pueblo, a tu familia, a tu hogar, a tu corazón… Durante las cuatro semanas que dura el adviento viviremos con alegría contenida la espera de este huésped sorprendente que llena de paz y alegría tu vida.

De la mano de Isaías, de Juan el Bautista y de María nos adentraremos en el gran misterio del amor, «Dios se ha hecho tú para que tú seas Él allí donde te encuentres».

El evangelista Mateo describe en breves trazos la figura de Juan Bautista como la de un profeta auténtico y coherente. Su poder de fascinación sobre la gente no fue tener un estilo lisonjero ni halagador, sino más bien su talante austero, penitencial, radical, servidor insobornable de la verdad, sincero hasta la dureza y hasta la falta de diplomacia. Su lenguaje, su atuendo, su menú y su hábitat nos hablan de un hombre carismático y exigente, que es el primero en vivir el mensaje de conversión que proclamaba. El contenido central de la predicación de este inconformista, de estilo netamente penitencial, es claro y rotundo: la conversión, palabra que hoy hemos logrado «descafeinar».

La disposición previa para el cambio total que pide la conversión es saberse frágil, vulnerable, humilde, necesitado del bálsamo (perdón) de Dios… Justo lo contrario de lo que hacían los dirigentes del pueblo (fariseos, saduceos, escribas, letrados, sumos sacerdotes, etc.) que buscaban su propia coartada aunque, a la larga, fuera descubierta y desenmascarada. Necesitamos convertirnos continuamente para preparar la llegada del Señor a nuestra vida y vivirla con coherencia. Pero ¿de qué nos tenemos que convertir?, se preguntarán muchos, extrañados. Del pecado que anida en nuestro corazón y que tiene múltiples manifestaciones, como por ejemplo: el egoísmo, la soberbia, la agresividad, la violencia, la lujuria, la mentira, el desamor, la hipocresía, la apatía, la desesperanza, etc., y llegar a ser altruistas, generosos, humildes, pacíficos, castos, serviciales, acogedores, sinceros, testigos de la esperanza. Sin olvidar los pecados de omisión, pues cuánto bien y cuánto testimonio cristiano dejamos de hacer por cobardía, por comodidad o por pereza.

Es hora de espabilarse / de despertar del sueño.

Ya es hora de abrir los ojos / de ver la luz.

Ya es hora de levantarse / de reconocer la aurora.

Ya es hora de contemplar la salvación / de percibir lo nuevo.

Ya es hora de descubrir la presencia de Dios / de aceptar la salvación.

Ya es hora de hacer un sitio a Dios / de acoger la salvación.

Ya es hora de decir sí a Dios / de dejar atrás el pesimismo.

Ya es hora de poner la mano en las obras del reino / de comprometerse un poco más.

Ya es hora de dejar las tinieblas / de comenzar a sentir la presencia de Dios.

Ya es hora de abrir las puertas cerradas / de dar la palabra a los sin voz.

Ya es hora de romper el miedo / de atravesar el túnel y dejar la noche.

Ya es hora de mirar con esperanza / de despertar

La luz del día está encima.

¿No veis que Dios lo llena todo?

¿No veis que Dios está naciendo en cosas sencillas?

¿No sentís que todo habla de Dios?

¿No sentís que Dios está llamando a la puerta

¿No sentís que Dios tiene un sitio aquí?

¿No sentís su brisa, su trueno, su voz?

¿Qué signo de esperanza eres tú para el mundo?

¿Qué signo de esperanza descubren en tu vida? 

Con mi afecto y bendición

 

Ángel Pérez Pueyo

 

Obispo de Barbastro-Monzón

 

 

25 de noviembre de 2016

Cuando a nuestro alrededor todo invita al desconcierto y a la desconfianza, porque todo es convulso y nadie logra «hacer pie»… Dios vuelve a «sorprendernos». Nos «descoloca». Nos regala un Papa «con rostro de padre y entrañas de madre» que ha logrado devolvernos la esperanza.

El año jubilar de la misericordia, -verdadero adviento universal para la humanidad-, ha logrado activar en el mundo la «revolución de la ternura» como verdadero motor del cambio «epocal» que nos está tocando vivir. Nuestra Diócesis de Barbastro-Monzón ha querido sumarse también a este «tsunami» de gracia, cristalizando en un signo muy sencillo y humilde la necesidad expresada por tantos adolescentes, jóvenes y familias noveles de poder contar con un «microclima» (espacio) adecuado para compartir la vida y la fe con los demás. Y hacerla fructificar.

Caritas Diocesana de Barbastro-Monzón, una vez más, ha sido sensible a esta necesidad y ha ofrecido a la Diócesis como un verdadero «Betania», -el hogar de los hermanos Lázaro, Marta y María, amigos de Jesús, donde se «perdía» para descansar, disfrutar de la amistad y reponer fuerzas-, la «Casa de Acogida» de Santa María de Bruis.

Transcribo literalmente las palabras que D. José Luis Escutia Doti, Director de Caritas Diocesana de Barbastro-Monzón, compartió en la celebración de la clausura del año de la misericordia que tuvo lugar el día 13 de noviembre en la con-catedral de Monzón:

“Para Cáritas Diocesana de Barbastro-Monzón, la apertura del año santo de la misericordia comenzó con un acto entrañable que, en cierta medida, fue otro signo de cómo, gracias al esfuerzo de los voluntarios, de los trabajadores y de la colaboración económica de todos, se podía abrir la puerta del Centro de Inserción Laboral «Valentín Ledesma» para dar una oportunidad a aquellos que han quedado apartados del tren del progreso.

Hoy, con esta celebración, clausuramos el año santo de la misericordia (…) Pero como los cristianos no estamos hechos para cerrar puertas... las vamos a dejar entreabiertas a nuestros hermanos, sea el que vive al lado, cuando tiene una necesidad, o el que viene de lejos ya sea migrando, huyendo del hambre o buscando refugio de la persecución política o religiosa; las vamos a dejar entreabiertas dando cobijo a quien cae en las garras del juego, de las drogas, del dinero o de tantos «becerros de oro» que esta sociedad nos pone tan a mano. No nos toca a nosotros juzgar sino mirar con las «gafas» de Dios, que perdona siempre porque mira con misericordia. Vamos a dejar entreabiertas las puertas de nuestra Iglesia a los jóvenes, que han de encontrar en ella un lugar atractivo para desarrollarse libremente y dar sentido pleno a sus vidas.

En esta línea, nuestro Obispo, pidió a Cáritas Diocesana de Barbastro-Monzón un gesto. Gesto que ha tenido lugar en esta celebración, con la entrega de una llave. Esa llave abre, en el precioso entorno del Valle de la Fueva, en pleno Pre-pirineo de nuestra Diócesis, bajo el amparo de la Virgen de Bruis, una Casa que para Cáritas es símbolo de encuentro y de convivencia. Ese edificio, que se acondicionó para la realización de colonias de verano para personas con dificultades de movilidad y que usamos cada año para los encuentros de voluntarios, va a recibir una nueva inversión para dotarlo, principalmente de una calefacción, que permitirá usarlo todo el año así como de los medios para que, con este nuevo impulso, llegue a ser la Betania de la Diócesis de Barbastro-Monzón.

Esta llave abre la puerta de la Casa de Bruis para que nuestros jóvenes tengan un lugar donde tener un ocio lejos de drogas y falsas quimeras y cerca de Dios, donde los matrimonios o las familias noveles puedan reunirse y pasar un agradable rato en un lugar idílico al tiempo que reflexionan sobre lo que es darse los unos a los otros o donde nuestros mayores puedan encontrar la convivencia y compañía que a veces tanto necesitan.

Cáritas Diocesana abre la puerta de su «Casa de Encuentro» y la pone a vuestra disposición, a la de todos los cristianos de la Diócesis Barbastro-Monzón y por eso os hacemos entrega hoy de la llave que abre la puerta de la casa, que ya es la vuestra.

Este es nuestro gesto. Cáritas Diocesana va a poner los medios. Ahora está en nuestras manos que sepamos darle uso, llenarla de contenido, de nueva ilusión, de nuevos proyectos, en definitiva, llenarla vida para mayor gloria del que nos inspira. Con esa ilusión os abrimos la puerta. Que así sea”.

Con mi afecto y bendición

Ángel Pérez Pueyo

Obispo de Barbastro-Monzón

18 de noviembre de 2016

Coronamos este año de «gracia y clemencia» que inauguró el Papa Francisco el 8 de diciembre de 2015 con la fiesta de Cristo Rey. Singular y paradójica resulta la forma que Jesucristo tuvo de encarnar su realeza y de prodigar la misericordia del Padre. Reinó desde el trono de la cruz. Su corona fue labrada con espinas; su cetro fue una caña; su púrpura, un manto raído; sus armas, la justicia y la verdad; su ley, el amor; su fuerza y su poder, la humildad. Para Él reinar fue servir.

Los hijos del Alto Aragón, aunque cerremos la «puerta santa» de la catedral de Barbastro y de Monzón, de la Iglesia parroquial de San Pedro Apóstol en Fraga y de San Miguel en Graus o la del Santuario de Torreciudad, dejaremos entreabiertas las puertas de nuestro corazón —como verdaderos «templos vivos de Dios» que somos— para constituirnos en «apóstoles de calle» o en «cirineos ambulantes», saliendo a los caminos para invitar a todos los que estén fuera del hogar a regresar a casa o para cargar sobre nuestros hombros a cuantos se sientan heridos, maltrechos o extenuados.

«Tamtam Comunicación Sc» y el «Equipo de Medios de Comuni­cación» de nuestra Diócesis nos han hecho un regalo espléndido, al ofrecernos este «logo» con el que podemos identificar el desafío que los creyentes del Alto Aragón queremos asumir como expresión de nuestra identidad cristiana y de nuestro compromiso social con cada uno de los pueblos (250) y vecinos (105.839) que integran nuestra Diócesis de Barbastro-Monzón.

Sellad en vuestro corazón, a sangre y fuego, nuestro identikit diocesano (imagen corporativa) que nos recuerde que en la «CRUZ llagada», Cristo Jesús, ha cargado con todas nuestras «heridas» (llagas, miserias, flaquezas, pecados…) y se muestra como REY vencedor del pecado y de la muerte. La promesa que le hiciera a Dimas (el ladrón arrepentido) deja constancia de esta victoria, y es garantía de nuestra esperanza cristiana. A partir de la muerte de Jesús, que es también su glorificación (de ahí el color dorado de la cruz llagada), están abiertas las puertas del paraíso y queda inaugurado el reino de la resurrección de los muertos.

Al mismo tiempo en el «logo» se desvela nuestra identidad misionera y martirial (color granate de las letras). Barbastro-Monzón, regada con la sangre inocente de su «pastor» (Báculo del Beato Florentino) y la de un ingente número de sacerdotes, religios@s y seglares de su grey, ha quedado «afinada» (orquesta) para que resuene eternamente la Buena Notica en todo el Alto Aragón (simbolizado por el monte nevado que se divisa desde Roda de Isábena, origen de nuestra Diócesis).

¡Fascinante encomienda, aunque ardua y delicada, la que hoy os confía vuestro pastor al clausurar el año de la misericordia…! Pero, ¡cómo podríamos permanecer impasibles por más tiempo ante tantos hermanos nuestros que se «desangran» a nuestro lado por la soledad o el desamor! ¡Cómo íbamos a quedarnos tranquilos cuando tantas personas se sienten engañadas, utilizadas, manejadas, ninguneadas…! ¡Cómo ser insensibles ante los fracasos, frustraciones, caídas nuestras o de los demás…! ¡Cómo mantener la calma o la serenidad cuando tantos se sienten angustiados, abatidos, decepcionados…! ¡Cómo ser fríos cuando nos niegan «el pan y la sal» o se nos cierran todas las puertas...! ¡Cómo permanecer indiferentes cuando una enfermedad o un contratiempo inesperado desbaratan todos nuestros planes o proyectos…!

Haced entrar y cobijad a todos estos hijos del Alto Aragón, hermanos nuestros “cuyo corazón está roto, herido, vacío, deshabitado…”, por la puerta que quedó entreabierta (estigma) del costado de Cristo. Y servidles vosotros mismos como bálsamo y caricia de Dios.

Con mi afecto y bendición

Ángel Pérez Pueyo

Obispo de Barbastro-Monzón

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