Ahora y Siempre Ángel Pérez Pueyo

3 de febrero de 2017

Durante estos días veréis pulular por nuestra Diócesis un «ramillete» de mujeres inquietas, que van y vienen, desafiando no sólo el tiempo climatológico sino también el biológico, empeñadas, de forma altruista y voluntaria, en conseguir un Proyecto solidario con los más desfavorecidos a través de la Asociación Laica de Fieles que tiene la Iglesia Católica, conocida por todos como «MANOS UNIDAS». Desde que llegué a la Diócesis ha sido una de las cosas que más me ha admirado. El año pasado consiguieron llevar a cabo un Proyecto, tan ambicioso como fecundo, como es construir, nada menos, que un centro de formación para jóvenes marginados que viven en el entorno de la leprosería de Dhanbad en el norte de la India. Y pateando la Diócesis, ese centenar largo de voluntarias, lograron los 98.371€ que costó. ¡Decidme si los milagros, no existen!

Y este año han «amenazado» con volver a la carga… Y ahí las tenéis de nuevo, con renovado ímpetu, dispuestas a impulsar no sólo uno sino dos Proyectos nuevos, aunque la cuantía vendría a ser la misma.

Conociéndolas, sabía que no bajarían el listón. ¡Hasta ahí podríamos llegar!:

1er Proyecto: La construcción de un sistema de agua potable en el municipio de San José de Bocay en la comunidad de Aguas Calientes en Nicaragua. Está presupuestada la obra en 76. 254€. Sus beneficiarios serán unas 110 familias, integradas por unos 558 habitantes. Se trata de una comunidad rural de montaña en la que la mayoría de las familias se dedican al cultivo de maíz, arroz, frijoles (judías) y café. También se ocupan de la crianza de ganado, gallinas y cerdos. La mayoría de sus habitantes son nativos de aquel lugar. Hasta ahora acarreaban el agua de riachuelos y quebradas. Durante dos estaciones, verano e invierno, el agua que consumían estaba contaminada. Al frente de dicho Proyecto estará Dña. Rebeca Leaf, de la Asociación de trabajadores de desarrollo rural “Benjamín Linder”;

2º Proyecto: Dotar de semillas, animales, herramientas, capacitación y acompañamiento humano a una comunidad de campesinos en Haití. Tanto la formación y el acompañamiento de estos campesinos como las herramientas, las semillas y los animales que les proporcionará «MANOS UNIDAS» ascenderá aproximadamente a 10.000€ Sus beneficiarios serán unas 150 familias campesinas en situación de extrema pobreza. Al frente de este proyecto estará D. Pere Bertrand Dieuveille de Caritas Diocesana de Jacmel.

Me resulta fácil, con el testimonio de estas mujeres «intrépidas» y «aguerridas» de nuestra Diócesis, ratificar el slogan que han escogido este año: «el mundo no necesita más comida, lo que necesita es gente comprometida». Y como contraste, viene a mi mente el cortometraje que me envió hace unos días el P. Rafael Quirós, misionero de nuestra Diócesis en Benín. Me dejó «tocado». Era muy crudo pero al mismo tiempo muy real. Mientras algunos de nuestros hijos lo que más les preocupa, les fastidia o les molesta es estudiar, comer verdura o pescado, a otros lo que les duele es el hambre. Mientras algunos no aciertan con la dieta adecuada que les haga perder esos diez kilos de más que afea su figura, otros en cambio mueren a dieta. Con lo que tú tiras a la basura, yo podría «sobrevivir», me dijo a bocajarro un niño huérfano del «hogar Beato Pedro Ruiz de los Paños» en Mishikishi (Zambia) durante la última visita que hice como Director General de los Operarios Diocesanos. Es verdad. Un tercio de nuestros alimentos van a la basura mientras casi ochocientos millones mueren de hambre. Escribir esto me resulta sangrante. Mientras algunos odian la sobreprotección de sus padres, o les molesta que algún insecto se haya colado en su cuarto, otros no tienen padres y llevan pegadas a su cuerpo un centenar de moscas. Mientras a algunos les aburren los mismos videojuegos, otros tienen que fabricarse un balón con las hojas secas de las palmeras. Mientras algunos se enfadan porque no les compran las deportivas que ellos querían (Adidas o Nike) otros tienen que conformarse con unas chancletas fabricadas con trozos de telas viejas. Mientras algunos refunfuñan cuando les mandan a dormir temprano, otros quisieran no despertarse...

Realmente somos unos afortunados. Tenemos mucho más de lo que necesitamos para vivir felices. Sé generoso. Comparte, no lo que te sobra. Regálate. Mejor, descúbrete como dádiva de Dios para cuantos tienen hambre de pan, de justicia, de dignidad, de respeto, de ternura, de amor… hambre de Dios mismo. Comprométete para ofrecer al mundo la lucidez y la altura de miras que se necesita para evitar el mal uso de los recursos alimentarios y energéticos; para erradicar el modelo económico internacional basado en el mayor beneficio que convierte los derechos básicos de las personas en mercancía susceptible de especulación; para favorecer un estilo de vida y consumo  que evite la exclusión de los más empobrecidos. Si te atrevieras a vivir así estarías empezando a utilizar el «manual de vida cristiana» que Jesús ofreció en el monte de las bienaventuranzas. Él mismo nos auguró que si procedíamos así seríamos realmente más libres, más auténticos, más fecundos, más felices. Así son las paradojas de Dios. Vivir las bienaventuranzas no es fácil. Exige ciertamente un cambio de «chip», un cambio de corazón.

En nombre de todos los beneficiarios de estos dos proyectos que vamos a asumir en nuestra Diócesis quisiera expresaros su gratitud sincera a cada uno de los hijos del Alto Aragón, creyentes o no, que con su solidaridad y generosidad van a conseguir los 86.254€ necesarios para que esta «patrulla de mujeres» de «MANOS UNIDAS» logren el objetivo humanizador que se han propuesto este año.

 

Con mi afecto y bendición

Ángel Pérez Pueyo

Obispo Barbastro-Monzón

27 de enero de 2017

Me sentí totalmente identificado con aquel PowerPoint que los responsables del Equipo Nacional de Vocaciones de Francia nos pusieron en el Encuentro Europeo de Vocaciones, celebrado hace varios años en Roma. Aparecía un niño de unos seis o siete años que decía:

Cuando yo era pequeño soñaba con:

.- Salvar vidas humanas (y simulaba, disfrazado de «bombero”, cómo ayudaba a los que se encontraban atrapados en un incendio);

 .- Cuidar a las personas (y simulaba, disfrazado de «médico»,  cómo atendía a los enfermos en un hospital);

 .- Desvelar las potencialidades de cada uno (y simulaba, disfrazado de «maestro»,  cómo enseñaba a otros niños en una escuela rural);

 .- Ayudar a los demás a ser libres (y simulaba, disfrazado del «zorro», cómo defendía las causas justas de los más desheredados);

 .- Jugar a ser mayores (y simulaba, disfrazado de «padre», cómo acompañaba a su esposa embarazada al hospital para dar a luz);

 .- Llegar al cielo (y simulaba, disfrazado de «astronauta»,  cómo se elevaba por encima de la tierra hasta llegar a «lo más alto»);

 .- Descubrir tesoros (y simulaba, disfrazado de «pirata», cómo surcaba los mares en busca de «nuevas fortunas»);

Etc.

.- Cuando era niño anhelaba con llegar a ser un hombre… Hoy, soy todo eso. Soy SACERDOTE. Y aparecía su rostro, vestido de clerigman.

Los creativos de este breve y sugerente spot publicitario han logrado ofrecer la verdadera identidad del sacerdote, del «pescador de hombres» que Jesús anda buscando entre los jóvenes de nuestra Diócesis. El sacerdote, tiene un poco de bombero (¡cuántos «fuegos» me ha tocado ayudar a «apagar» para que nadie se quemase!); de médico (¡cuántas «heridas» he tenido que suturar para que nadie se «desangrase» ante el desamor, la envidia, el rencor, el egoismo…!); de maestro (¡cuántas «lecciones de vida», sin palabras, he dado o recibido de tantos, especialmente de los mayores, de los más jóvenes o de los niños!); de zorro (¡cuántas «injusticias» he tenido que detectar y denunciar para salvaguardar la dignidad de todos); de «padre» o «madre» ante la orfandad creciente que hoy experimentan tantos jóvenes en esta paradójica sociedad del bienestar que les hemos regalado los mayores; de astronauta cuyo ideal es conducir a todos hasta el «cielo» donde se vislumbra la vida desde otras coordenadas que la llenan de sentido y plenitud; de pirata para poder acompañarte en la conquista del único y verdadero tesoro de tu vida, JESCURISTO.

En el evangelio vemos cómo Jesús llama a dos parejas de hermanos, a Pedro y a Andrés, a Santiago y a Juan. Los cuatro vivían en Cafarnaún, eran pescadores, tenían ya montada su vida. Pero el Seño les cambia los planes. Les invita a ser pescadores de otra forma. Y les comparte su sueño: «que nadie se pierda». Y dejándolo todo, se ofrecieron a compartir con Jesús de Nazaret este ideal de vida y misión.

Hoy también Dios tiene un sueño para cada uno de los hijos del Alto Aragón que le gustaría compartir si estás dispuesto a escucharlo. Si alguna vez presientes que te llama a colaborar con Él, no acalles su voz. Nunca te sentirás tan feliz, tan fecundo, tan libre y tan auténtico. Esta ha sido, hasta ahora, mi pobre y humilde experiencia. Y ya son 37 años los que llevo embarcado con Él.

Seguir a Jesucristo es conformar tu corazón con el suyo. Sólo así se logra la comunión y la unidad entre todos. Un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo, un solo Dios y Padre de todos que nos regala también hoy, entre nuestros hijos, aquellas mediaciones privilegiadas que necesitamos para salvarnos. Ojalá vuestros padres nunca interfieran en vuestra vocación como trató de hacer esta madre. Lo que ella ignoraba es que Dios es «aragonés», esto es, constante: «Cuando mi hijo quiso ser sacerdote yo luché desesperadamente contra él. Lo quería demasiado. Esperaba mucho de él. Quería que fuese feliz. Su padre y yo soñábamos con un futuro brillante para él, con una buena carrera, con un buen empleo, con una buena posición social, con una buena esposa… Por más que lo intentamos no conseguimos nada. Fue mucho más fuerte que nosotros.

Hoy soy la madre de un sacerdote. De un humilde y sencillo servidor. Pero me siento feliz y orgullosa al verlo repartir a manos llenas «palabra» y «pan», «ternura» y «perdón». ¡Cuánto le agradezco al Señor que fuera más fuerte que nosotros!»

Termino pidiendo al Señor, con la oración de J. J. Pérez Benedí, que nos regale una docena de sacerdotes para que nunca falte en esta tierra el pan de la palabra, el pan de la eucaristía, el pan de la ternura de Dios que llene vuestras vidas:

AL INSTANTE LO SIGUIERON

Como en tiempos de Jesús,

el mundo está prisionero

de sombras, necesitado

de la luz del Evangelio.

Jesús es brillante “sol”

que limpia los ojos ciegos,

cura las enfermedades

y las dolencias del pueblo.

Es urgente que nosotros

nos convirtamos por dentro,

que cambiemos nuestros planes

por los valores del Reino.

Andrés, Pedro, Juan, Santiago

nos convencen con su ejemplo:

“Dejando redes y padre,

al instante lo siguieron”.

Ya no pescarán más peces

que venderán por dinero

serán pescadores de hombres,

heraldos de un “mundo nuevo”

Hoy Jesús sigue llamando:

Necesita mensajeros

para llevar a los hombres

su Palabra y su consuelo.

Señor, la pesca es inmensa

y pocos son los obreros.

Cuenta siempre con nosotros.

queremos ser misioneros.

 

Con mi afecto y bendición

Ángel Pérez Pueyo

Obispo Barbastro-Monzón

20 de enero de 2017

El día 24 de abril de 2005 tuve la GRACIA de poder asistir en la plaza de san Pedro a la misa de inauguración del Pontificado del Papa Benedicto XVI. Al acercarse mi segundo aniversario como obispo de esta Diócesis veo cómo sus palabras están resultando programáticas en mi humilde ministerio pastoral: «Era costumbre en el antiguo oriente que los reyes se llamasen a sí mismos pastores de su pueblo. Era una imagen de su poder, una imagen única: para ellos los pueblos eran como ovejas de las que el pastor podía disponer a su agrado.

Por el contrario, el Pastor de todos los hombres, [el Emmanuel, el Dios con nosotros, que acabamos de celebrar su nacimiento,] se ha hecho ÉL MISMO CORDERO, se ha puesto de la parte de los corderos, de los que son pisoteados y sacrificados, dando la vida por sus ovejas. No es el poder lo que redime sino el amor. Este es el distintivo de Dios: Él mismo es AMOR (...) El Dios, que se ha hecho cordero, nos dice que el mundo se salva por el CRUCIFICADO y no por los crucificadores».

Juan Bautista reconoce en Jesús al “Cordero de Dios que quita el pecado del mundo”. Estas palabras se repiten cinco veces en la celebración de la eucaristía. La quinta vez, inmediatamente antes de la comunión como indicando que el que se une a Cristo sacramentalmente reconoce y asume también su condición de “Cordero sacrificial” que está dispuesto a cargar con el pecado del mundo, es decir, con el pecado propio y ajeno.

“Quitar el pecado del mundo” significa no sólo erradicar toda la situación de mal que hay en el mundo sino que supone también la victoria de la luz sobre las tinieblas y sobre la negación del amor a Dios y a los hermanos en sus múltiples manifestaciones, cuyo resumen es el EGOÍSMO, el DESAMOR. Estos pecados están dentro de cada uno de nosotros. Si echamos un vistazo, nos damos cuenta de que en la sociedad campea la explotación, la corrupción, la pobreza, el hambre, la incultura, la violencia, el sufrimiento de muchos inocentes, la marginación de los sin voz… en una palabra, la violación de los derechos humanos. A nadie se le escapa que en el mundo laboral, abunda la competencia desleal, el paro, la inseguridad y las zancadillas. Que en nuestras familias hay frialdad, falta de diálogo y de entendimiento, lucha entre las generaciones, desamor, infidelidades, divorcios y abortos. Y en el plano personal nos dominan las actitudes de soberbia, la avaricia, la lujuria, la envidia, el afán de dominio, el odio, la rivalidad y la venganza.

¿Cómo luchar contra el mal para erradicarlo de nuestras vidas, de nuestros hogares, de nuestros ambientes...? Nuestra única esperanza sigue siendo Jesús de Nazaret, el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Él es nuestra victoria, nuestra liberación y nuestra paz. Por Cristo y con Él somos capaces de vencer el pecado cada día y de construir el Reino de Dios y su justicia en la tierra. Jesús cargó sobre sí nuestros pecados y asumió nuestra condición pecadora, como lo demostró en su bautismo en las aguas del Jordán; pero al mismo tiempo venció nuestros pecados por medio de su muerte expiatoria y de su resurrección gloriosa, que en nosotros se actualiza a través de los sacramentos.

Pedir perdón no es una actitud propia de cobardes. Justo lo contrario. Pedir perdón nos hace creíbles, nos ennoblece, nos engrandece, nos hace más humanos y celestiales. Desde hace un tiempo, cuando termino de hablar personalmente con alguien, y ya son más de quinientas las personas con las que he tenido la dicha de “bucear por su corazón”, suelo preguntarle si desea que le regale el “abrazo de Dios”. Y mientras le impongo las manos para absolverle y fundirme finalmente en un abrazo fraterno, no es infrecuente tener que ofrecerle también un kleenex.

Os invito, por medio de esta oración de José Javier Pérez Benedí, a pedir por nuestra conversión continua como testigos del Cordero de Dios que quita el pecado del mundo y a mostrar con nuestra vida que vivimos todos los valores evangélicos, sobre todo el amor, la fraternidad humana, la justicia y la solidaridad con los más pobres.

Con su sangre nos compró

Juan nos presenta a Jesús

como “Cordero de Dios”:

Quita el pecado del mundo,

nos ofrece su perdón.

Por el pecado, los hombres

no aceptan al Creador.

Le vuelven el rostro al Padre,

abusando de su amor.

Y así despiden, con rabia,

un olor a corrupción,

proclamando con orgullo:

El único “dios soy yo”.

Al no creer en Dios Padre,

se buscan la perdición:

Esclavos de “falsos dioses”

les rinden adoración.

El resultado es un mundo

duro, injusto y pecador,

marcado por la violencia,

la soberbia y la ambición.

Dios, que no abandona al hombre,

nos envió un Salvador,

un Cordero que, en la cruz,

con su sangre nos compró.

Que, al recordar al Cordero,

antes de la comunión,

con fe y amor, le entreguemos

todo nuestro corazón.

 

Con mi afecto y bendición

Ángel Pérez Pueyo

Obispo Barbastro-Monzón

13 de enero de 2017

Casi sin tiempo para reaccionar, con los últimos turrones en la boca, besos al niño de Belén y algunos regalos todavía por descambiar, damos un salto de treinta años para escuchar aquella voz celestial, cuando Juan bautizó a Jesús en el Jordán, que nos diga para qué envió Dios a aquel niño y desvele su identidad.

De nuevo ante la cruda realidad, sin cánticos de ángeles ni estrella en el horizonte, según decía un simpático whatsApp durante los últimos días de Navidad: «ya pueden dar por finalizado el simulacro del amor, de la paz y de los buenos deseos y volver a ser los mismos … [no lo reproduzco íntegro por respeto a los lectores], inútiles de siempre», tal vez necesitemos también nosotros, hombres y mujeres del siglo XXI, «enredados» en tantas cosas, que alguien nos ayude desvelar nuestra propia identidad.

Si cada uno lograra oír esa amorosa voz interior que le dice: «¡Tú eres el amado de Dios!», la humanidad cambiaría. Este fue el verdadero propósito del Papa Francisco al regalarnos el año jubilar de la misericordia.

Afirmar tu condición de «amado» impide que te sientas engañado, buscando algo que no te conduce a nada y, sin embargo, te ofrece una inusitada libertad interior. La peor tentación es dudar de que Dios te ama. Y enraizar tu vida en identidades alternativas.

Haz una prueba sencilla. Pregunta a la gente que te rodea, tus padres, hermanos, amigos, compañeros… ¿quién eres? Y verás cómo la mayoría de las veces te responden:

.- Yo soy lo que hago: soy un ingeniero, un médico, un maestro, etc.

.- Yo soy lo que tengo: soy doctor en ciencias sociales, soy licenciado en económicas, soy el dueño de este Ferrari, etc.

.- Yo soy lo que los demás dicen de mí: alegre, simpático, servicial, discreto, amable, etc.

.-  Etc.

Tú realmente eres, ¡el amado de Dios! Esta es tu verdad fundamental, aunque no siempre resulte fácil oír esta voz en un mundo lleno de voces que gritan con fuerza: tú eres un «mindungui»; un «ganapán»; un «cenutrio»; un «matao»; un «monicaco»; tú eres «feo, gordo, cegato, pecotoso… de narices»… Estas voces negativas son tan altas  y persistentes que uno termina por creérselas.

La trampa del auto-rechazo

Efectivamente, la trampa más sibilina de todo ser humano es la del auto-rechazo, verdadero «cáncer» del alma, que te impide ser tú mismo. Y desfigura tu verdadera identidad. No te confundas. La mayor trampa en tu vida no es el éxito económico, ni la popularidad, ni el poder, sino el auto-rechazo, porque uno duda acerca de quién es realmente. El éxito económico, la popularidad y el poder pueden ciertamente suponer una gran tentación, pero su seducción procede de la tentación de auto-rechazo, que es mucho mayor. Cuando terminamos haciendo caso a las voces que nos dicen que es imposible que nadie nos pueda querer, entonces el éxito, la popularidad y el poder se perciben fácilmente como soluciones alternativas muy atractivas. El auto-rechazo suele manifestarse de dos formas: como falta de confianza o como exceso de orgullo, y ninguna de las dos refleja verdaderamente la esencia de lo que somos. Es frecuente que el auto-rechazo sea visto simplemente como expresión neurótica de una persona insegura. Pero la neurosis suele ser la manifestación psíquica de una niebla densa mucho más profunda: la de no sentirse verdaderamente acogido ni amado. Mirad los ojos de vuestros hijos. Muchas veces, aun teniéndolo todo, revelan tristeza porque les falta lo más valioso: tu cercanía, tu cariño, tu tiempo, tu complicidad… Esa voz suave y tierna que les haga sentirse «amados» puede llegar no sólo a través de sus padres sino también a través de sus amigos, de sus profesores, de sus compañeros o de tantas mediaciones como Dios pone en nuestro camino.

La tentación de la compulsión

 Emparejada con la tentación del auto-rechazo, dudar verdaderamente de quién eres, está la tentación de la compulsión. ¿No esperas, con demasiada frecuencia, que alguna persona, cosa o acontecimiento te proporcione esa sensación definitiva de bienestar interior que deseas?; ¿no sueles tener la siguiente esperanza: «Puede que este libro, que esta idea, este curso, esta película, este viaje, este trabajo, esta tierra, esta relación colme mi más profundo deseo?» En la medida en que uno espere ese misterioso momento, seguirá confuso, siempre ansioso e inquieto, siempre anhelante y airado, nunca plenamente satisfecho. Este es el camino hacia la extenuación y el desasosiego. Este es el camino hacia la muerte espiritual. Un verdadero infierno.

La invitación a volver

En cuanto atisbamos esta verdad, emprendemos el camino que nos permita percibirla plenamente y no cejamos hasta poder descansar en ella. El gran trayecto espiritual que tenemos que recorrer es el de convertirnos en el Amado. Las palabras de Agustín, «Mi alma está inquieta hasta que descanse en ti, Señor», resume perfectamente dicho trayecto. Ello conlleva un largo y penoso proceso de desapropiación o, mejor dicho, de encarnación. Y este proceso requiere la práctica regular de la oración.

Con mi afecto y bendición

Ángel Pérez Pueyo

Obispo Barbastro-Monzón

 

5 de enero de 2017

Por medio de estas líneas quisiera expresar mi gratitud a cada uno de los hijos del Alto Aragón de la Diócesis de Barbastro-Monzón por su recuerdo cariñoso, por su oración y por su felicitación navideña.

¡Cómo me hubiera gustado, en estos días «mágicos», prodigarme y llegar a cada hogar, para fundirme en un abrazo y vivir un encuentro íntimo y profundo ante el MISTERIO, ante la mayor locura de amor que haya acontecido jamás en la historia de la humanidad, que Dios mismo naciera en mí para que yo renaciera en Él.

Dejadme que comparta conmovido el eco de tres de los gestos que tuve en Navidad, uno con los ancianos del Amparo, otro con los enfermos del Hospital de Barbastro y el tercero con los presos de la cárcel de Zuera.

? El 1er gesto: con los ancianos del Amparo en Barbastro

«Querido señor obispo: le damos las gracias por venir a visitarnos y felicitarnos en estos días tan entrañables.

Nos gustaría que nos regalase un poco de lo que significa su nombre y todos pudiéramos tener, ese ANGEL que nos enseñase el camino del cariño, de la ternura y del amor hacia los demás para poder ser ejemplo también entre nosotros.

Recién clausurado el año de la misericordia, sólo deseamos que usted, nuestro obispo, nos ayude a cicatrizar las heridas del corazón. Nosotros los residentes, la comunidad de religiosas, el personal y el Patronato, pediremos también por usted para que su labor pastoral sea fecunda. FELIZ NAVIDAD». José María Santiago.

? El 2º gesto: con los enfermos del Hospital de Barbastro

«Cuando el señor obispo nos comunicó a los capellanes su intención de pasar la tarde de ‘noche buena’ con los enfermos y el personal sanitario del hospital de Barbastro, no nos extrañó. Son muchas las veces que lo hace, sobre todo cuando tiene noticia de que han hospitalizado a algún sacerdote, algún religioso o algún agente de pastoral que colabora en la Diócesis. Dependiendo de la prisa que tiene, nos pide que le acompañemos. En esta ocasión era distinto. Quería que fuera una visita pastoral al hospital, la mayor parroquia de la Diócesis como él la denomina. Por ella, de una u otra forma, pasamos todos los diocesanos. Unas veces como pacientes o enfermos, otras como familiares, acompañantes, visitantes… o también como trabajadores. Fueron tres horas intensas y llenas de emociones, saludos, abrazos, besos… empezando por recepción, pasó después por urgencias, diálisis, la UCI y por cada una de las habitaciones de cada planta. Durante su recorrido tuvo la oportunidad de ejercer como auténtico capellán, administrando la comunión, oyendo a alguno en confesión, dándole la absolución y bendiciendo a todos y cada uno de los enfermos y familiares presentes. Persignando a los más enfermos, acompañado siempre de un beso cariñoso y pastoral. A todos, enfermos, familiares, personal facultativo (médicos, enfermeras, auxiliares, celadores…) a los que agradeció su profesionalidad y entrega. El eco que, entre unos y otros, ha dejado esta visita ha sido: «qué cercano», «qué simpático», «que humilde», «qué cariñoso»… «Da gusto verle y estar con él». Uno llegó a confesarme que se alegraba de haber estado estos días hospitalizado por el gozo de haber podido ver, saludar y besar al señor obispo, al que tantas veces lo ha visto en la televisión o ha leído lo que escribe. En nombre de los capellanes, Basilio y un servidor, gracias a todo el personal del hospital, familiares y enfermos por su acogida y cariño. Y gracias a don Ángel que nos ha dado una lección de cómo acercarnos y tratar a nuestros enfermos y a sus familiares». Jaime Mozas.

3er gesto: con los presos de la cárcel de Zuera

«Sólo los que estamos aquí, sabemos lo que representa una tarjeta telefónica en la cárcel Aquí hay mucha indigencia. Sin tarjeta no hay llamadas a tu esposa, ni a tus hijos, ni a tus padres, ni a la familia, ni al abogado, ni a quien te pueda solventar algún problema en un momento determinado… Es tu conexión con el mundo. Parece mentira pero, después de la libertad, tal vez sea éste el mejor regalo que se puede hacer a un preso. Se puede vivir sin muchas cosas pero pasar la vida sin sentir nunca la voz y el cariño de los tuyos hace todas las cosas muy difíciles. Y en estos días de Navidad, qué duro se nos hace no poder estar con nuestras familias… Y ni siquiera poder hablar con ellos y demostrarles que, pese a todo, les seguimos recordando y queriendo. Cuando cada año, por estas fechas, a través de la pastoral penitenciaria, nos proporcionan tarjetas telefónicas para llamar a nuestras familias, no saben bien el favor que nos hacen y la alegría que nos dan» Recluso anónimo.

Aprovecho la coyuntura para agradecer la implicación que, unos y otros, han tenido en esta campaña para regalar minutos de esperanza a los presos. Hasta ahora hemos recogido 1015 tarjetas, con cinco minutos de saldo. Un verdadero milagro, sobre todo, porque no se encontraban. Ha habido que encargarlas de propio.

¡Cada uno de estos gestos, se torna en el mejor regalo, signo humilde, cargado de ternura, estrella luminosa que “alumbra” al Cristo, que se halla oculto en el corazón del mundo!

¡Gracias por regalarte, por ofrecerte tú mismo como buena noticia, como un verdadero “apóstol de calle” que fecunda nuestra Diócesis!

 

Con mi bendición y mis mejores deseos para el nuevo año.

Ángel Pérez Pueyo

Obispo Barbastro-Monzón

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