Ahora y Siempre Ángel Pérez Pueyo

20 de enero de 2017

El día 24 de abril de 2005 tuve la GRACIA de poder asistir en la plaza de san Pedro a la misa de inauguración del Pontificado del Papa Benedicto XVI. Al acercarse mi segundo aniversario como obispo de esta Diócesis veo cómo sus palabras están resultando programáticas en mi humilde ministerio pastoral: «Era costumbre en el antiguo oriente que los reyes se llamasen a sí mismos pastores de su pueblo. Era una imagen de su poder, una imagen única: para ellos los pueblos eran como ovejas de las que el pastor podía disponer a su agrado.

Por el contrario, el Pastor de todos los hombres, [el Emmanuel, el Dios con nosotros, que acabamos de celebrar su nacimiento,] se ha hecho ÉL MISMO CORDERO, se ha puesto de la parte de los corderos, de los que son pisoteados y sacrificados, dando la vida por sus ovejas. No es el poder lo que redime sino el amor. Este es el distintivo de Dios: Él mismo es AMOR (...) El Dios, que se ha hecho cordero, nos dice que el mundo se salva por el CRUCIFICADO y no por los crucificadores».

Juan Bautista reconoce en Jesús al “Cordero de Dios que quita el pecado del mundo”. Estas palabras se repiten cinco veces en la celebración de la eucaristía. La quinta vez, inmediatamente antes de la comunión como indicando que el que se une a Cristo sacramentalmente reconoce y asume también su condición de “Cordero sacrificial” que está dispuesto a cargar con el pecado del mundo, es decir, con el pecado propio y ajeno.

“Quitar el pecado del mundo” significa no sólo erradicar toda la situación de mal que hay en el mundo sino que supone también la victoria de la luz sobre las tinieblas y sobre la negación del amor a Dios y a los hermanos en sus múltiples manifestaciones, cuyo resumen es el EGOÍSMO, el DESAMOR. Estos pecados están dentro de cada uno de nosotros. Si echamos un vistazo, nos damos cuenta de que en la sociedad campea la explotación, la corrupción, la pobreza, el hambre, la incultura, la violencia, el sufrimiento de muchos inocentes, la marginación de los sin voz… en una palabra, la violación de los derechos humanos. A nadie se le escapa que en el mundo laboral, abunda la competencia desleal, el paro, la inseguridad y las zancadillas. Que en nuestras familias hay frialdad, falta de diálogo y de entendimiento, lucha entre las generaciones, desamor, infidelidades, divorcios y abortos. Y en el plano personal nos dominan las actitudes de soberbia, la avaricia, la lujuria, la envidia, el afán de dominio, el odio, la rivalidad y la venganza.

¿Cómo luchar contra el mal para erradicarlo de nuestras vidas, de nuestros hogares, de nuestros ambientes...? Nuestra única esperanza sigue siendo Jesús de Nazaret, el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Él es nuestra victoria, nuestra liberación y nuestra paz. Por Cristo y con Él somos capaces de vencer el pecado cada día y de construir el Reino de Dios y su justicia en la tierra. Jesús cargó sobre sí nuestros pecados y asumió nuestra condición pecadora, como lo demostró en su bautismo en las aguas del Jordán; pero al mismo tiempo venció nuestros pecados por medio de su muerte expiatoria y de su resurrección gloriosa, que en nosotros se actualiza a través de los sacramentos.

Pedir perdón no es una actitud propia de cobardes. Justo lo contrario. Pedir perdón nos hace creíbles, nos ennoblece, nos engrandece, nos hace más humanos y celestiales. Desde hace un tiempo, cuando termino de hablar personalmente con alguien, y ya son más de quinientas las personas con las que he tenido la dicha de “bucear por su corazón”, suelo preguntarle si desea que le regale el “abrazo de Dios”. Y mientras le impongo las manos para absolverle y fundirme finalmente en un abrazo fraterno, no es infrecuente tener que ofrecerle también un kleenex.

Os invito, por medio de esta oración de José Javier Pérez Benedí, a pedir por nuestra conversión continua como testigos del Cordero de Dios que quita el pecado del mundo y a mostrar con nuestra vida que vivimos todos los valores evangélicos, sobre todo el amor, la fraternidad humana, la justicia y la solidaridad con los más pobres.

Con su sangre nos compró

Juan nos presenta a Jesús

como “Cordero de Dios”:

Quita el pecado del mundo,

nos ofrece su perdón.

Por el pecado, los hombres

no aceptan al Creador.

Le vuelven el rostro al Padre,

abusando de su amor.

Y así despiden, con rabia,

un olor a corrupción,

proclamando con orgullo:

El único “dios soy yo”.

Al no creer en Dios Padre,

se buscan la perdición:

Esclavos de “falsos dioses”

les rinden adoración.

El resultado es un mundo

duro, injusto y pecador,

marcado por la violencia,

la soberbia y la ambición.

Dios, que no abandona al hombre,

nos envió un Salvador,

un Cordero que, en la cruz,

con su sangre nos compró.

Que, al recordar al Cordero,

antes de la comunión,

con fe y amor, le entreguemos

todo nuestro corazón.

 

Con mi afecto y bendición

Ángel Pérez Pueyo

Obispo Barbastro-Monzón

13 de enero de 2017

Casi sin tiempo para reaccionar, con los últimos turrones en la boca, besos al niño de Belén y algunos regalos todavía por descambiar, damos un salto de treinta años para escuchar aquella voz celestial, cuando Juan bautizó a Jesús en el Jordán, que nos diga para qué envió Dios a aquel niño y desvele su identidad.

De nuevo ante la cruda realidad, sin cánticos de ángeles ni estrella en el horizonte, según decía un simpático whatsApp durante los últimos días de Navidad: «ya pueden dar por finalizado el simulacro del amor, de la paz y de los buenos deseos y volver a ser los mismos … [no lo reproduzco íntegro por respeto a los lectores], inútiles de siempre», tal vez necesitemos también nosotros, hombres y mujeres del siglo XXI, «enredados» en tantas cosas, que alguien nos ayude desvelar nuestra propia identidad.

Si cada uno lograra oír esa amorosa voz interior que le dice: «¡Tú eres el amado de Dios!», la humanidad cambiaría. Este fue el verdadero propósito del Papa Francisco al regalarnos el año jubilar de la misericordia.

Afirmar tu condición de «amado» impide que te sientas engañado, buscando algo que no te conduce a nada y, sin embargo, te ofrece una inusitada libertad interior. La peor tentación es dudar de que Dios te ama. Y enraizar tu vida en identidades alternativas.

Haz una prueba sencilla. Pregunta a la gente que te rodea, tus padres, hermanos, amigos, compañeros… ¿quién eres? Y verás cómo la mayoría de las veces te responden:

.- Yo soy lo que hago: soy un ingeniero, un médico, un maestro, etc.

.- Yo soy lo que tengo: soy doctor en ciencias sociales, soy licenciado en económicas, soy el dueño de este Ferrari, etc.

.- Yo soy lo que los demás dicen de mí: alegre, simpático, servicial, discreto, amable, etc.

.-  Etc.

Tú realmente eres, ¡el amado de Dios! Esta es tu verdad fundamental, aunque no siempre resulte fácil oír esta voz en un mundo lleno de voces que gritan con fuerza: tú eres un «mindungui»; un «ganapán»; un «cenutrio»; un «matao»; un «monicaco»; tú eres «feo, gordo, cegato, pecotoso… de narices»… Estas voces negativas son tan altas  y persistentes que uno termina por creérselas.

La trampa del auto-rechazo

Efectivamente, la trampa más sibilina de todo ser humano es la del auto-rechazo, verdadero «cáncer» del alma, que te impide ser tú mismo. Y desfigura tu verdadera identidad. No te confundas. La mayor trampa en tu vida no es el éxito económico, ni la popularidad, ni el poder, sino el auto-rechazo, porque uno duda acerca de quién es realmente. El éxito económico, la popularidad y el poder pueden ciertamente suponer una gran tentación, pero su seducción procede de la tentación de auto-rechazo, que es mucho mayor. Cuando terminamos haciendo caso a las voces que nos dicen que es imposible que nadie nos pueda querer, entonces el éxito, la popularidad y el poder se perciben fácilmente como soluciones alternativas muy atractivas. El auto-rechazo suele manifestarse de dos formas: como falta de confianza o como exceso de orgullo, y ninguna de las dos refleja verdaderamente la esencia de lo que somos. Es frecuente que el auto-rechazo sea visto simplemente como expresión neurótica de una persona insegura. Pero la neurosis suele ser la manifestación psíquica de una niebla densa mucho más profunda: la de no sentirse verdaderamente acogido ni amado. Mirad los ojos de vuestros hijos. Muchas veces, aun teniéndolo todo, revelan tristeza porque les falta lo más valioso: tu cercanía, tu cariño, tu tiempo, tu complicidad… Esa voz suave y tierna que les haga sentirse «amados» puede llegar no sólo a través de sus padres sino también a través de sus amigos, de sus profesores, de sus compañeros o de tantas mediaciones como Dios pone en nuestro camino.

La tentación de la compulsión

 Emparejada con la tentación del auto-rechazo, dudar verdaderamente de quién eres, está la tentación de la compulsión. ¿No esperas, con demasiada frecuencia, que alguna persona, cosa o acontecimiento te proporcione esa sensación definitiva de bienestar interior que deseas?; ¿no sueles tener la siguiente esperanza: «Puede que este libro, que esta idea, este curso, esta película, este viaje, este trabajo, esta tierra, esta relación colme mi más profundo deseo?» En la medida en que uno espere ese misterioso momento, seguirá confuso, siempre ansioso e inquieto, siempre anhelante y airado, nunca plenamente satisfecho. Este es el camino hacia la extenuación y el desasosiego. Este es el camino hacia la muerte espiritual. Un verdadero infierno.

La invitación a volver

En cuanto atisbamos esta verdad, emprendemos el camino que nos permita percibirla plenamente y no cejamos hasta poder descansar en ella. El gran trayecto espiritual que tenemos que recorrer es el de convertirnos en el Amado. Las palabras de Agustín, «Mi alma está inquieta hasta que descanse en ti, Señor», resume perfectamente dicho trayecto. Ello conlleva un largo y penoso proceso de desapropiación o, mejor dicho, de encarnación. Y este proceso requiere la práctica regular de la oración.

Con mi afecto y bendición

Ángel Pérez Pueyo

Obispo Barbastro-Monzón

 

5 de enero de 2017

Por medio de estas líneas quisiera expresar mi gratitud a cada uno de los hijos del Alto Aragón de la Diócesis de Barbastro-Monzón por su recuerdo cariñoso, por su oración y por su felicitación navideña.

¡Cómo me hubiera gustado, en estos días «mágicos», prodigarme y llegar a cada hogar, para fundirme en un abrazo y vivir un encuentro íntimo y profundo ante el MISTERIO, ante la mayor locura de amor que haya acontecido jamás en la historia de la humanidad, que Dios mismo naciera en mí para que yo renaciera en Él.

Dejadme que comparta conmovido el eco de tres de los gestos que tuve en Navidad, uno con los ancianos del Amparo, otro con los enfermos del Hospital de Barbastro y el tercero con los presos de la cárcel de Zuera.

? El 1er gesto: con los ancianos del Amparo en Barbastro

«Querido señor obispo: le damos las gracias por venir a visitarnos y felicitarnos en estos días tan entrañables.

Nos gustaría que nos regalase un poco de lo que significa su nombre y todos pudiéramos tener, ese ANGEL que nos enseñase el camino del cariño, de la ternura y del amor hacia los demás para poder ser ejemplo también entre nosotros.

Recién clausurado el año de la misericordia, sólo deseamos que usted, nuestro obispo, nos ayude a cicatrizar las heridas del corazón. Nosotros los residentes, la comunidad de religiosas, el personal y el Patronato, pediremos también por usted para que su labor pastoral sea fecunda. FELIZ NAVIDAD». José María Santiago.

? El 2º gesto: con los enfermos del Hospital de Barbastro

«Cuando el señor obispo nos comunicó a los capellanes su intención de pasar la tarde de ‘noche buena’ con los enfermos y el personal sanitario del hospital de Barbastro, no nos extrañó. Son muchas las veces que lo hace, sobre todo cuando tiene noticia de que han hospitalizado a algún sacerdote, algún religioso o algún agente de pastoral que colabora en la Diócesis. Dependiendo de la prisa que tiene, nos pide que le acompañemos. En esta ocasión era distinto. Quería que fuera una visita pastoral al hospital, la mayor parroquia de la Diócesis como él la denomina. Por ella, de una u otra forma, pasamos todos los diocesanos. Unas veces como pacientes o enfermos, otras como familiares, acompañantes, visitantes… o también como trabajadores. Fueron tres horas intensas y llenas de emociones, saludos, abrazos, besos… empezando por recepción, pasó después por urgencias, diálisis, la UCI y por cada una de las habitaciones de cada planta. Durante su recorrido tuvo la oportunidad de ejercer como auténtico capellán, administrando la comunión, oyendo a alguno en confesión, dándole la absolución y bendiciendo a todos y cada uno de los enfermos y familiares presentes. Persignando a los más enfermos, acompañado siempre de un beso cariñoso y pastoral. A todos, enfermos, familiares, personal facultativo (médicos, enfermeras, auxiliares, celadores…) a los que agradeció su profesionalidad y entrega. El eco que, entre unos y otros, ha dejado esta visita ha sido: «qué cercano», «qué simpático», «que humilde», «qué cariñoso»… «Da gusto verle y estar con él». Uno llegó a confesarme que se alegraba de haber estado estos días hospitalizado por el gozo de haber podido ver, saludar y besar al señor obispo, al que tantas veces lo ha visto en la televisión o ha leído lo que escribe. En nombre de los capellanes, Basilio y un servidor, gracias a todo el personal del hospital, familiares y enfermos por su acogida y cariño. Y gracias a don Ángel que nos ha dado una lección de cómo acercarnos y tratar a nuestros enfermos y a sus familiares». Jaime Mozas.

3er gesto: con los presos de la cárcel de Zuera

«Sólo los que estamos aquí, sabemos lo que representa una tarjeta telefónica en la cárcel Aquí hay mucha indigencia. Sin tarjeta no hay llamadas a tu esposa, ni a tus hijos, ni a tus padres, ni a la familia, ni al abogado, ni a quien te pueda solventar algún problema en un momento determinado… Es tu conexión con el mundo. Parece mentira pero, después de la libertad, tal vez sea éste el mejor regalo que se puede hacer a un preso. Se puede vivir sin muchas cosas pero pasar la vida sin sentir nunca la voz y el cariño de los tuyos hace todas las cosas muy difíciles. Y en estos días de Navidad, qué duro se nos hace no poder estar con nuestras familias… Y ni siquiera poder hablar con ellos y demostrarles que, pese a todo, les seguimos recordando y queriendo. Cuando cada año, por estas fechas, a través de la pastoral penitenciaria, nos proporcionan tarjetas telefónicas para llamar a nuestras familias, no saben bien el favor que nos hacen y la alegría que nos dan» Recluso anónimo.

Aprovecho la coyuntura para agradecer la implicación que, unos y otros, han tenido en esta campaña para regalar minutos de esperanza a los presos. Hasta ahora hemos recogido 1015 tarjetas, con cinco minutos de saldo. Un verdadero milagro, sobre todo, porque no se encontraban. Ha habido que encargarlas de propio.

¡Cada uno de estos gestos, se torna en el mejor regalo, signo humilde, cargado de ternura, estrella luminosa que “alumbra” al Cristo, que se halla oculto en el corazón del mundo!

¡Gracias por regalarte, por ofrecerte tú mismo como buena noticia, como un verdadero “apóstol de calle” que fecunda nuestra Diócesis!

 

Con mi bendición y mis mejores deseos para el nuevo año.

Ángel Pérez Pueyo

Obispo Barbastro-Monzón

30 de diciembre de 2016

Santi Requejo y Ana Martín son una pareja encantadora. Aunque hace mucho que no nos vemos, nos une una amistad entrañable. Los conocí cuando trabajaba en la Conferencia Episcopal. Compartí con ellos un viaje a Roma, unos meses antes de casarse, porque tenía mucho interés en que Santi expusiera en el Encuentro de Pastoral Vocacional Europeo los trabajos que había realizado como director creativo de 02:59 films y como cofundador de May Feelings. Ahora, por lo que veo, anda enredado con el grupo generación 2015, un movimiento de jóvenes tecnológicos ¾«Millennials»¾ que se hallan comprometidos en la transformación de la vida y pretenden desarrollar y difundir los valores fundamentales del ser humano a través de acciones multimedia. Una vez más, nos han vuelto a «descolocar» colgando un video en la red: https://www.youtube.com/watch?v=D-3KLwLkXfA en el que 27 jóvenes respondían a cámara qué iban a regalar a sus seres queridos esta Navidad. Imagina lo que sucedió para que al final todos cambiasen el regalo.

Esta singular ocurrencia me va a servir también a mí para desentrañar la esencia de la Navidad. Ojalá consiguiera, como ellos, enmudeceros ante el MISTERIO, ante «la mayor locura de amor» que jamás aconteciera en la historia. Y propiciase un profundo y fascinante ENCUENTRO con Aquel que se hace como tú para que tú puedas llegar a Él. Si realmente este año me tocara vivir mis últimas navidades, mi regalo sería llamar a la puerta de tu corazón y susurrarte: «Dios te quiere, feliz y eterno». Encendería tu «estrella» para que siguieses «alumbrando» al Dios que hay en ti. Y me fundiría en un abrazo. Haz la prueba. ¡Regálate y siempre será Navidad en tu entorno!

Esta es la «gran locura de amor» que celebramos estos días. No te confundas. Él nace en ti para que tú vivas en Él eternamente feliz. Pero esta locura de amor no termina aquí. Él también está dispuesto a morir por ti... humillado, traicionado, maltratado. Está dispuesto a morir en tu nombre. Aceptando cada insulto, encajando cada golpe, en silencio. Por ti y por mí. Encarnación y Redención, dos caras de una idéntica y misma locura de amor.

Además, tuvo la osadía de regalarte a su madre, para que no quedases huérfano. En ella siempre encontrarás amparo y protección, esperanza y consuelo, calor de hogar. Tu otra familia donde podrás redescubrir tu identidad y recobrar tu verdadera dignidad, de hijo, de hijo «predilecto» de Dios.

La familia, es sin duda el «microclima», el «ecosistema» más antiguo y potente de la humanidad. O como refieren ingeniosamente los del grupo «may feeling», (https://www.youtube.com/watch?v =NG_a0QF5C1w), la familia es la mejor «red social» del mundo. La familia es una «red social» donde uno no necesita registrarse. No tiene publicidad. Es gratuita. Además, si tienes problemas económicos, te ayudan. La familia es una «red social» donde tú eres el verdadero protagonista de la vida. Donde podrás compartir tus fotos y tus historias más íntimas sin miramiento. Donde te garantizan que tus mensajes siempre van a ser leídos. Donde puedes jugar, en tiempo real, con las personas más significativas de tu vida. Donde compartir y aprender las mejores recetas y conseguir la forma más económica de viajar. Donde descubrir y desarrollar tus mejores potencialidades. Donde conseguir las mejores recomendaciones para encontrar trabajo. Donde todos sus usuarios comparten sus conocimientos de forma gratuita. En esta red social no hay nadie desconectado. Sus seguidores, rezarán por ti cuando lo necesites. La familia es una red social accesible a todo el mundo. En esta red social, no hay nadie desconectado. Donde nunca se cae el servidor. Donde nunca te sentirás solo. La familia es una red que utilizan más de siete millones y medio de personas. Con más años de vida que tú y yo juntos. En realidad, es más que una «red social». Es tu familia. ¡Protégela! Es una especie en extinción.

Reza por ella con las mismas palabras que lo hiciera el Papa Francisco al concluir el Sínodo de la Familia:

Jesús, María y José

en vosotros contemplamos

el esplendor del verdadero amor,

a vosotros, confiados, nos dirigimos.

Santa Familia de Nazaret,

haz también de nuestras familias

lugar de comunión y cenáculo de oración,

auténticas escuelas del Evangelio

y pequeñas iglesias domésticas.

Santa Familia de Nazaret,

que nunca más haya en las familias episodios

de violencia, de cerrazón y división;

que quien haya sido herido o escandalizado

sea pronto consolado y curado.

Santa Familia de Nazaret,

haz tomar conciencia a todos

del carácter sagrado e inviolable de la familia,

de su belleza en el proyecto de Dios.

Jesús, María y José,

escuchad, acoged nuestra súplica. Amén.

 

Con mi afecto y bendición

Ángel Pérez Pueyo

Obispo Barbastro-Monzón

23 de diciembre de 2016

Érase una vez -según refiere León Tolstoi- un zapatero remendón, llamado Martín, que vivía solo y tenía por costumbre leer cada noche, antes de acostarse, la Sagrada Escritura.

Una noche soñó que Dios le decía:

–«Martín, mañana voy a venir a visitarte».

Martín quedó sobrecogido y, por si fuera verdad, a la mañana siguiente, desde primera hora, estuvo pendiente, mirando por la ventana.

Muy temprano vio a un barrendero que estaba quitando la nieve de la entrada de las casas. Le llamó y le ofreció una taza de té caliente. Mientras el barrendero, tiritando, sorbía el té, Martín seguía mirando por la ventana.

–«¿Espera visita? le preguntó el barrendero.

–«No, no», contestó Martín, y le contó el sueño de la otra noche.

–«Pues, siga mirando, tal vez Dios venga a visitarle».

Al mediodía todavía el frío era intenso. Vio pasar a una mujer con un niño en brazos llorando de frío. Les llamó y les dio la sopa caliente que había preparado para él y su posible huésped. Mientras se la tomaban, Martín seguía mirando por la ventana.

–¿Espera visita? le preguntó extrañada la señora.

–«No, no», contestó Martín, y le explicó su sueño.

–«Pues, siga mirando, tal vez Dios venga a visitarle».

Al atardecer Martín seguía mirando por la ventana. Y vio una vendedora ambulante a la que un muchacho le había robado una manzana. Martín salió corriendo. Reprendió al muchacho y le hizo pedirle perdón. Y a ésta que lo perdonara.

Se hizo de noche. Martín cerró su casa y, antes de acostarse, al abrir las Escrituras, escuchó una voz:

–«¡Martín, Martín!»

Al levantar la vista vio al barrendero que le sonreía.

Creyendo que se trataba de una pesadilla volvió a abrir la Biblia y escuchó la misma voz:

–«¡Martín, Martín!»

Al levantar la vista vio a la mujer con el niño en brazos que le sonreía.

En aquel momento, Martín, se echó a llorar al descubrir que realmente Dios en persona le había visitado tres veces durante aquel día.

Dios sigue buscando corazones para habitar. La penitencia que suelo poner a quienes se confiesan conmigo es que, antes de acostarse, cierren sus ojos y repasen con cuántas personas a lo largo del día se han tropezado, encontrado o compartido su vida o su trabajo. Y les invito a que recuerden a cuántos les han regalado una sonrisa, una palabra estimulante. Para cuántos han sido realmente bálsamo o ternura de Dios. Y les ayudo a descubrir y a dar gracias por el Dios que nos visita diariamente aunque ninguno se percate. Y les invito a pedir cada noche que les ayude a descubrir que Dios sigue naciendo hoy, aunque sea oculto en la naturaleza, en la historia, en los acontecimientos más sencillos, en tu propia familia, en tus amigos o paisanos, en las personas más cercanas, en los compañeros de trabajo. También en mi propio ministerio episcopal o en el ministerio pastoral de nuestros curas o en los que han consagrado su vida al Señor, en los que se desvelan por todos, en los que lo descubren en su propio interior, en el Pan y Vino sobre el altar, en la Palabra que ilumina y llena de sentido la vida… Y ruégale que te ayude a descubrirle en los pobres y parados, en los enfermos y en los ancianos, en los jóvenes heridos y vacíos. Que nos ayude a crecer y alumbrar el corazón del mundo.

Ojalá que alguno de nuestros jóvenes escuchara también en su corazón estas fascinantes palabras:

–No tengo otros labios que los tuyos con que pronunciar las palabras sagradas, no tengo otras manos que las tuyas con las que estrechar a toda la humanidad a la que cada día le pesa más el silencio de Dios en sus vidas. Labios y manos que junto a las de tantos sacerdotes podrán perpetuar en el altar el MISTERIO de la Encarnación, verdadera caricia de Dios al mundo.

Mi mejor felicitación navideña, no lo dudes, seguirá siendo invitarte a ofrecer tu propia vida como signo de esperanza para todos.

¡Enciende esta noche tu estrella e ilumina el corazón de la humanidad!

 

Con mi afecto y bendición

Ángel Pérez Pueyo

Obispo Barbastro-Monzón

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