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Opinión Ahora y siempre Defendamos la vida

24 de octubre de 2014

Ahora todos estamos preocupados con el ébola. Muchas vidas humanas están en peligro, la mayoría en países africanos: Liberia, Guinea Conakri, Sierra Leona... Los muertos ya se cuentan por miles. Conmueve oír hablar a los misioneros que siguen acompañando como pueden a las familias de sus territorios de misión. Sufren por no poder estar más cerca; han de tomar las precauciones necesarias al llevarles la comida y el consuelo que suponen estas palabras: “estamos con vosotros, no os abandonamos, sufrimos con vosotros, no estáis solos”.

Hasta ahora, los ciudadanos de los países del norte hemos visto el ébola con alguna preocupación pero pensando que estaba lejos. Todo ha cambiado cuando el contagio ha llegado hasta nosotros. Han empezado a sonar las alarmas y a ponerse en juego todos los medios posibles para defendernos.

Hay también otro “ébola” que causa un tremendo dolor: la persecución del Estado Islámico a los cristianos y a todos los que no aceptan su cruel forma de entender la religión; han de abandonar sus hogares o corren el riesgo de ser degollados y de que sus cabezas sean mostradas como trofeos. ¡Una locura!

Otro “ébola”, más camuflado e incluso legal es el aborto. Se utiliza el eufemismo de interrupción del embarazo, pero el hecho es que en España alcanza la escalofriante cifra de ciento quince mil fetos, seres vivos y humanos, eliminados cada año. ¿Quién puede tener derecho a arrebatarles la vida aunque aún no hayan nacido?

En mi ministerio sacerdotal he tenido que acompañar a madres, la mayoría de ellas jóvenes, que pensaban superar su problema deshaciéndose de la vida de su hijo. Gracias a Dios y a la colaboración de instituciones en favor de la vida he podido salvar esas vidas y llevar la paz a la conciencia de esas madres. En tales ocasiones he comprendido el gran sufrimiento de una mujer embarazada cuando piensa desprenderse de su hijo, y he comprobado cuánto bien hacen todos los que les ayudan en una situación tan dramática.

A quienes podáis estar viviendo en una encrucijada como ésta os digo con toda mi alma que acudáis a estas instituciones en favor de la vida, y si no conocéis ninguna, hablad con el sacerdote, que os orientará y os facilitará el contacto para solucionar positivamente vuestro problema. Todo antes que acabar con la vida del hijo que lleváis en vuestro seno.

Os animo a luchar contra la epidemia del ébola y contra los otros “ébolas”, especialmente el de acabar por medio del aborto con la vida de los niños no nacidos. Estoy seguro que un día las generaciones futuras juzgarán a las de nuestros países del bienestar y se preguntarán: ¿cómo es posible que fueran capaces de quitar la vida a tantos millones de niños en el seno de su madre?

Os recuerdo lo que dice una nota reciente de la Comisión Permanente del Episcopado Español: «No se puede construir una sociedad democrática, libre, justa y pacífica, si no se defienden y respetan los derechos de todos los seres humanos fundamentados en su dignidad inalienable y, especialmente, el derecho a la vida, que es el principal de todos»

Con mi afecto y bendición.

+ Alfonso Milián Sorribas

Obispo de Barbastro-Monzón

 

 

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