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Opinión Ahora y siempre ¡Viva Cristo Rey!

21 de noviembre de 2014

Las últimas palabras que nuestros mártires tuvieron en sus labios al morir en la persecución religiosa de 1936 fueron: “¡Viva Cristo Rey! ¡Os perdonamos!” Recuerdo hoy este hecho, que marcó la vida de nuestra Iglesia diocesana, porque en este último domingo del año litúrgico celebramos la fiesta de Cristo Rey. Es el broche de oro del año litúrgico, a lo largo del cual hemos celebrado el misterio de Cristo, desde su nacimiento en Belén hasta la expansión de su Reino a todo el universo. El próximo domingo volveremos a celebrar el Adviento y volveremos a prepararnos para contemplar el nacimiento del Hijo de Dios en nuestra carne.

Ante la pregunta que hizo Pilato a Jesús: “Entonces, ¿tú eres rey?, le contesto: “Tu lo dices: soy rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad”. La verdad nos hace auténticos y, antes o después, proporciona felicidad. Dios quiere que seamos felices y eso es precisamente lo que también nosotros deseamos. ¿Por qué no lo somos muchas veces? Porque usamos mal de nuestra libertad. Porque pensamos que la felicidad consiste en hacer lo que nos apetece, y no es así. La libertad no consiste en hacer lo que nos da la gana, sino en seguir el camino del bien, aun cuando suponga sacrificios y esfuerzos.

La historia de la humanidad es un verdadero drama. Por una parte Dios está empeñado en hacernos felices, pero por la otra los seres humanos hacemos todo lo que podemos para desbaratar los caminos de Dios y nos ilusionamos con el señuelo de ser felices al margen de Él. Así es como nos instalamos en la mentira engañándonos a nosotros mismos y a los que viven a nuestro alrededor.

Lejos de Dios no encontramos sentido a la vida y andamos perdidos. Jesucristo, al compartir en todo nuestra condición humana, menos en el pecado, ha tomado parte del drama de la humanidad hasta dejarse herir por las consecuencias de nuestra conciencia desorientada y egoísta.

El Hijo de Dios no entró en el mundo por el camino de la ostentación y el triunfo, sino de la humildad y la pobreza, obediente al Padre y a la misión que le encomendó “hasta el extremo”, hasta la muerte. Una muerte que se ha tornado en fuente de salvación y esperanza para todo el que cree en Él, porque ha sido una muerte que termina en vida eterna.

Acoger a Jesucristo, creer en Él, es dejar que reine en nuestros corazones y nos reconduzca por el camino del bien. Su reinado es un reinado de santidad y de gracia, de verdad y de vida, de justicia, de amor y de paz. De espaldas a Cristo reina la mentira, la corrupción, la guerra de intereses y de enemistades entre los hombres, la muerte.

La fiesta de Cristo, Rey del universo, nos abre un horizonte de esperanza porque, en medio de la mentira que nos envuelve, Jesucristo ha venido para ser testigo de la verdad.

Que la fiesta de Jesucristo Rey nos sitúe a todos en la verdad de Jesucristo, que nos traerá felicidad plena para todos.

Con mi afecto y bendición.

+ Alfonso Milián Sorribas

Obispo de Barbastro-Monzón

 

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