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Opinión Ahora y siempre Bajo tu amparo…

5 de diciembre de 2014

El papa Francisco, antes de emprender un viaje va a la basílica de Santa María la Mayor para encomendarse a la Virgen. Así lo hizo al partir hacia el Parlamento Europeo y el Consejo de Europa, en Estrasburgo, aceptando la invitación que se le había hecho.

También nosotros encomendamos a la Virgen nuestro camino durante el Adviento. Es un camino que nos lleva de nuevo a Belén para revivir y agradecer el nacimiento de Jesús en nuestra carne. Mañana celebraremos la fiesta de la Inmaculada Concepción de María. Ella nos llevará de la mano hacia la conversión que impulsa el camino del Adviento.

Los discursos del papa Francisco a los parlamentarios europeos en Estrasburgo pueden servirnos para allanar los caminos y prepararnos al encuentro del Señor. Es lo que hizo Juan el Bautista, como nos narra hoy el Evangelio: «Predicaba que se convirtieran y se bautizaran para que se les perdonasen los pecados» El Papa también pide que nos convirtamos, que cambiemos de vida, que recuperemos las raíces cristianas de Europa. Y lo hace con su estilo de vida transparente, sencillo, comprometido con los últimos, con los que padecen persecución por la justicia o por ser fieles a su religión.

El Papa ha recordado que el proyecto de los “fundadores” de lo que hoy es la Unión Europea era fomentar el espíritu de servicio, más que las reivindicaciones, y trabajar por la paz, la libertad y la dignidad humana. «El camino privilegiado para la paz ?para evitar que se repita lo ocurrido en las dos guerras mundiales del siglo pasado? es reconocer en el otro no un enemigo al que hay que combatir, sino un hermano a quien acoger», ha dicho. Recordemos que por creer en Dios como Padre, los cristianos reconocemos a todos como hermanos y nos sentimos llamados a construir un mundo más fraterno.

Acentuó el Papa «el riesgo que corre el ser humano de ser reducido a un mero engranaje de un mecanismo que lo trata como un simple bien de consumo para ser utilizado, de modo que cuando la vida ya no sirve a dicho mecanismo se la descarta sin tantos reparos, como es el caso de los enfermos terminales, de los ancianos abandonados sin atenciones, o de los niños a quienes se les priva de la vida antes de nacer».

Recordó la tarea de «construir juntos la Europa que no gire en torno a la economía, sino a la persona humana que es sagrada con los valores inalienables que tiene». Para favorecer la centralidad de la persona humana hay que invertir en todos los ámbitos en los que sus talentos se forman y dan fruto: «el primer ámbito es seguramente la educación, a partir de la familia, célula fundamental y elemento precioso de toda sociedad».

Hizo referencia a las «numerosas injusticias y persecuciones que sufren cotidianamente las minorías religiosas, particularmente las cristianas, en diversas partes del mundo». Y resaltó que «no se puede tolerar que el mar Mediterráneo se convierta en un gran cementerio» y que «la enfermedad que veo más extendida en Europa es la soledad».

Virgen Inmaculada, ¡ayúdanos!

Con mi afecto y bendición.

+ Alfonso Milián Sorribas

Obispo de Barbastro-Monzón 

 

 

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