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Opinión Editorial No estás aquí por ser mujer

18 de agosto de 2017

Recientemente, con motivo de la elección de una mujer al frente del Consejo Regulador de la Denominación de Origen Somontano, pudimos leer y escuchar en la noticia de su nombramiento como se resaltaba, en muchos casos, su condición de fémina, constatando así cuánto camino queda por recorrer hacia eso que se llama igualdad real. Cuenta la aludida que una compañera en la mesa de ese consejo le dijo: «no estás aquí por ser mujer», reflexión casi impensable si cambiamos mujer por varón, por más que pertenecer al sexo masculino siga siendo un atajo para llegar a determinados puestos, sean o no de responsabilidad. Baste con pensar en cuantos casos, ante la ausencia de méritos, la afirmación «estás aquí por ser hombre» resultaría válida, por más sonrojos que pueda provocar.

A día de hoy aún hay a quien le sorprende que una mujer sea presidenta del CRDO Somontano, quizá porque desconozca, o minimice, el peso de las manos y los nombres femeninos en la Denominación. Mujeres, como hombres, que plantan, podan y cosechan, conducen remolques, miman los mostos, elaboran y catan son tan frecuentes en nuestras bodegas, como lo son –y lo han sido- en explotaciones agrícolas y ganaderas. Algunas, como algunos, se han comprometido con el lugar en el que han nacido o el que les ha recibido, transformando y complementando su negocio en el medio rural. Cuántas de ellas y cuántos de ellos están, ya desde hace décadas, al frente de negocios hosteleros o agroindustriales con los que han redimido explotaciones.

En el caso de ellas, muchas han tenido que bregar con la lucha añadida del reconocimiento de sus derechos laborales y sociales, tras años cuidando del campo, los bichos y su familia, sin seguro ni salario. Todas llevaban a la espalda una mochila con un peso añadido, el de ser mujer, con la responsabilidad no buscada de convertirse en la primera de cualquiera de los campos en los que desarrollara su labor y, por lo tanto, exponerse bajo la lupa de un examen más minucioso porque el especimen sea mujer. Más minucioso y quizá más rancio, cuando en su crítica se entremezclan clichés tan desfasados, como los que utilizó el defenestrado cónsul de España en Estados Unidos por sus palabras sobre Susana Díaz. 

Y, ojo, no solo en la crítica, sino también en la alabanza. ¿Imaginan a la presidenta andaluza diciéndole a un periodista, hombre, lo feliz que está por ser entrevistada por un señor tan guapo? Hace poco se lo dijo Donald Trump a una periodista, cuya sonrisa elogió y relacionó con lo bien que hacía su trabajo. Ni la aludida, una profesional de la televisión nacional irlandesa, ni sus compañeros daban crédito a lo que estaba pasando. «No está aquí por ser mujer», tendrían que haberle recordado al presidente norteamericano.

 

 

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