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Opinión Editorial Un día o mejor, una actitud

24 de noviembre de 2017

El pasado lunes celebrábamos el «Día de los derechos del niño» y mucho nos tememos que, de acuerdo con el adagio clásico «asueta vilescunt», que, en este caso, bien podría traducirse como «lo que se repite termina por perder interés», la reiteración de tantos «días» reste importancia a aquello sobre lo que se quiere llamar la atención. Pero no es éste el debate que hoy deseamos suscitar.

Lo que de verdad nos preocupa es saber si ese «día» ha servido, en nuestro contexto, para impulsar los verdaderos derechos del niño. Gracias a la trayectoria educativa y social en la que nos encontramos, no es necesario reivindicar entre nosotros algunos derechos de los niños, fundamentales y elementales, que siempre y en todas partes deberían ser salvaguardados. Pensamos en el respeto al menor y a su tutela, en la eliminación de su explotación en todos los ámbitos de la vida, y en otros aspectos similares, que están bien contemplados en nuestra legislación y nuestro imaginario democrático.

Pero, además de reclamar una consideración similar para los niños y niñas de otras latitudes de nuestro planeta, deberíamos hacer una reflexión sobre cómo ejercemos ese derecho primigenio que los niños tienen a ser educados y, en la justa medida, preservados de las agresiones culturales del ambiente, que en tantas ocasiones actúan como educadores no deseables, aunque sumamente atractivos. Las estadísticas sobre el consumo de alcohol y otras drogas por parte de los menores, la circulación de pornografía infantil, y la permisividad frecuente con la que se actúa sobre los niños y adolescentes, más que impulsar sus derechos abocan a dejarlos a la intemperie en una edad en la que es indispensable que descubran los límites que nunca deberían saltarse, so pena de provocar destrozos a veces irreversibles.

Y tampoco es de recibo utilizarles como receptores de propaganda partidaria. El envío por parte del Gobierno de Aragón de una carta dirigida a los alumnos, no a sus padres ni tutores legales, en la que expone cuánto está invirtiendo para garantizar la equidad e igualdad de oportunidades en la enseñanza, les hurta una información necesaria para poder valorar esa equidad, a saber: cuánto invierte en los colegios públicos, ya que en la carta sólo habla de lo que invierte en los concertados, laguna que tiene toda la apariencia de un adoctrinamiento ideológico subliminar.

 

 

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