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Opinión Editorial Carta a los Reyes Magos

5 de enero de 2018

Queridos Reyes Magos (hola, Baltasar, sigues siendo mi favorito. Tu letra se parece tanto a la de mi madre…):

Me parece adivinar ya en el cielo la luz estrellada que os anuncia. Y al mirar arriba, despejadas demasiado pronto las nubes que hoy han dejado algo de agua, os pido la lluvia como primer regalo. Porque su ausencia tiene mucho de simbólico, nos recuerda la alegría con que asumimos la existencia milagrosa de las cosas valiosas; y pone en evidencia los errores de nuestra forma de vida. Deseo el compromiso colectivo e individual con el planeta para que dejemos de someterlo a esta presión inaudita, a este agravio boomerang que sólo nos perjudica. Reconciliarnos con la tierra, quererla es hacerlo a nosotros mismos y al futuro.

Y siendo mágicas sus majestades, qué bueno sería aderezar esa agua. Que cale en nosotros como un encantamiento, que sea una lluvia que limpie también por dentro, una riada selectiva que arrastre las ramas secas y enfermas que hacen del hombre una sombra tétrica incluso a pleno sol. Que se lleve los frutos amargos: el del terror, que acaba, ensombrece y lacera tantas vidas; el del fanatismo, con sus manifestaciones extremas y asesinas y sus envenenadas semillas; que disuelva las fronteras mentales y físicas. Que sea vuestra lluvia encantada el abono de la ternura, de la hospitalidad, de la cordura, la cortesía, el compañerismo, de la humildad, del silencio; que difícil resulta escuchar y escucharse con tanto ruido. Que germinen, gracias al agua de esta noche, las artes, los sueños, la honradez, la ilusión por el saber, la ciencia, el pensamiento, los besos sanadores. Que crezca, por su riego, el fruto vitamínico de las humanidades, de la Humanidad. Humanizadnos, majestades, con ese agua fabulosa.

Así que, vaya, Melchor, Gaspar y Baltasar, sólo era uno mi deseo y es tan grande. Y, a la vez, me parece tan sencillo. Hasta pienso que cualquiera podríamos ser uno de vosotros, que en cada uno está la solución a todo. Así que apunto otro caleidoscópico ruego: Dadnos la capacidad de apreciar, de apreciarnos, de desenmarañar esta forma de vivir que nos enreda y complica; de emerger sobre el aborregamiento, el consumismo, la opulencia, la crispación; vaciadnos de lo superfluo. Dadnos valentía e integridad para construir un escenario social más equilibrado, quitadnos el miedo injustificado hacia aquellos que están dispuestos a morir para recuperar la vida; ellos son nosotros. Dadnos el compromiso definitivo para frenar en seco a los que matan esgrimiendo amor. El amor no duele, el amor cura.

Reseteadnos, queridos Reyes Magos; que llueva, que llueva, que verdee el mundo.

Y yo, que cuando os pienso, vuelvo a ser el niño asombrado que aguardaba la mañana del día seis, os dejaré de nuevo alimento y agua en el balcón. Para que no os falten las fuerzas, Melchor, Gaspar y Baltasar. 

 

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