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Opinión Editorial

30 de junio de 2017

¿Final de curso? Quizá, mejor, queremos decir final de un curso porque el curso de la vida sigue y la vida no se para. Pero sí que queremos felicitar a todos los que en estos meses de un curso se han ido comprometiendo en diversas actividades y han hecho avanzar la vida. Desde estas páginas de nuestro Cruzado hemos ido dando cuenta semana tras se-mana de muchas de ellas, desde las deportivas hasta las religiosas, pasando por las académicas y las de entretenimiento, y hemos ido escribiendo nombres y personas porque detrás de todo lo que se hace hay gente concreta que lo mueve. Algunas actividades habrán pasado con nota alta y otras sólo con el aprobado y quizá dado por premiar la buena voluntad. Podría ser que algunas hayan tenido errores y equivocaciones. Pero lo que felicitamos no son los éxitos sino esas disposiciones del alma que, por eso mismo, ponen ánimo en el quehacer diario de la vida.

En esta felicitación de final de un curso nos parece mejor no subrayar esa idea tan extendida de que las cosas importantes las hacen personas importantes y generalmente en sitios importantes. Decimos, más bien, que al mundo lo sostiene un número grande de gente que no es importante, pero que le da cuerda, y de manera hasta silenciosa, para que no se pare. La máquina del mundo funciona bien cuando cada uno sabe cuál es su sitio y cuando en él aporta lo que mejor sabe saber. En un equipo, puede ser de fútbol pero también de investigadores científicos, no todos hacen lo mismo pero todos colaboran. Felicitamos hoy desde aquí a tantos equipos que han hecho lo suyo durante este curso.

Como la vida sigue, y creemos que seguirán «los equipos» en los cursos siguientes, nos animamos a decirles, siguiendo unos consejos del profesor Luis Huete, que en su trabajo piensen siempre en los demás, nada de lo que hacemos debe ser sólo para nosotros mismos, y que en todo lo que hagan pongan equilibrio entre la cabeza y el corazón para crear relaciones de reciprocidad que son las que promueven mejores soluciones a cualquier tipo de problema.

 

23 de junio de 2017

La «obligación» de que sea el hombre quien muerda al perro para que una noticia merezca prioridad en los boletines in-formativos lleva, en muchos casos, a no dar protagonismo informativo a lo que de verdad importa. Este editorial quiere saldar una cuenta pendiente con un conjunto de iniciativas de común denominador.

Ese denominador es el laudable empeño de educar en valores a las mujeres y hombres que vendrán detrás de nosotros. En ellas, la educación se amasa unas veces con el deporte y otras, con actividades extraescolares y catequéticas, con el espíritu cofrade, con la promoción empresarial incluso, por señalar algunos ejemplos diferentes. De ellas hemos dado cuenta en estas páginas, aunque no con el lujo de detalles que se merecen, seguramente porque no ha habido hombre que mordiera al perro.

Nos ha llegado la noticia de un club de fútbol –¡ojalá fueran todos!– que trata a su cantera como personas en su dimensión íntegra: no sólo pretende conseguir que los chavales jueguen bien al futbol, sino que crezcan en valores, que sean buenos estudiantes, que alcancen el nivel de personas responsables y solidarias. ¡Cuántas veces nos hemos visto obligados a desenmascarar el cáncer que afecta a los deportes de alta competición! A saber: que no son, precisamente, ejemplo de deportividad, sino de competitividad agresiva e insolidaria, tanto con el adversario deportivo como con la hacienda pública, que somos todos.

A cuantos gastan su vida y su paciencia en educar valores valiosos brindamos el homenaje de estos versos de Gabriel Celaya, en los que compara la educación con la delicada tarea de ponerle motor al barco que un día se hará a la mar: «... pero es consolador soñar mientras uno trabaja / que ese barco, ese joven, / irá muy lejos por el agua; / soñar que ese niño, ese navío, / llevará nuestra carga de palabras / hacia puertos distantes, hacia islas lejanas. / Soñar que un día, / cuando esté durmiendo nuestra propia barca, / en barcos nuevos seguirá nuestra bandera enarbolada».

 

16 de junio de 2017

Por estas fechas, y las fechas son las del Corpus, fiesta de la Eucaristía, sacramento máximo de la caridad, Cáritas presenta en todas las diócesis su memoria de servicios y actividades. Cáritas diocesana de Barbastro-Monzón lo hizo el martes pasado y publicamos en este número datos concretos de la misma.

La memoria de Cáritas puede leerse leyendo cifras, que las hay. Pero sería una lectura muy restringida si no se vieran detrás los testimonios de esperanza y de solidaridad. Lo que está detrás, lo que de verdad vale, es la caridad que, como nos ha dicho el Papa Francisco, no es un simple asistencialismo para tranquilizar las conciencias sino que es, ante todo, una opción de vida, un modo de ser y de vivir que se fundamenta en ver en cada persona un hijo de Dios y un hermano.

Con el lema de este año, Llamados a ser comunidad, Cáritas nos invita a superar nuestros intereses individuales. La comunidad es el lugar en el que podemos acompañar y ser acompañados y donde, entre todos, podemos buscar soluciones a las causas estructurales de la pobreza que divide injustamente a las personas y les hace sufrir. Desde una reflexión comunitaria y apoyada en criterios cristianos se puede ir comprendiendo cómo, sin casi darnos cuenta, vamos aceptando una sociedad de consumo que termina por aplastar a las personas más débiles y necesitadas. Contrariamente a este modo de sociedad, Cáritas, institución de la Iglesia Católica, manifiesta en sus Memorias anuales, también en la de este año, que la caridad que ofrece puede ofrecerla por la generosidad y el compromiso cada vez mayor de voluntarios, socios y donantes, y así puede estar  allí donde no está nadie y caminar al lado de los últimos.

Cáritas nos refleja la realidad dura de la vida diaria de muchas personas pero para urgirnos a poner allí un corazón nuevo que sepa latir junto al dolor ajeno. No muestra el mal del mundo para llevarnos al pesimismo sino para demostrar que, si hay caridad,  son muchas las personas concretas a las que se les puede restituir su dignidad y ser ayudadas en sus necesidades más básicas, económicas, humanas y espirituales. El camino de la caridad pasa por la conversión al respeto y al cuidado de cada vida, de cada persona. Cáritas lo entiende así y es el gran servicio, juntamente con el de la evangelización, que desde la Iglesia se ofrece a la sociedad.

 

9 de junio de 2017

Diez años se cumplen desde que el Gobierno de Aragón comprara al Ministerio de Defensa el Cuartel General Ricardos con el propósito de desarrollar un área urbanística que mirara al río, dotada con viviendas libres y de protección, industria ligera y equipamientos. El mismo aniversario soporta el aparcamiento subterráneo de la plaza de la Primicia que dicen que, ahora sí, va a entrar en uso, tras sucesivos anuncios incumplidos de venta. Una década cumple también la famosa y urgente compra de terrenos en el Polígono Valle del Cinca a los que en todo este tiempo su propietario, el Ayuntamiento, no ha sabido darles uso. Al saco de los proyectos atascados o renqueantes podemos ir echando el Cementerio Municipal, las consabidas pistas de atletismo, la reforma o traslado de una Escuela de Música que quiere crecer o aquella hoja de ruta en materia de desarrollo en la que no faltaba la ampliación de suelo industrial.

La concurrencia de otras administraciones en alguna de estas iniciativas, que no en todas, puede explicar en ocasiones el retraso que lastra a alguna de ellas; lo inexplicable, y muy preocupante, es que viejos y nuevos proyectos han adoptado el hábito de encallarse no sé sabe muy bien dónde ni por qué. Por mucho que nuestros munícipes justifiquen esa congestión en lo complejo del expediente o en las limitaciones que impone el Gobierno central, la sensación de inoperancia se extiende y ha encontrado su más florida metáfora en la proliferación de malas hierbas. ¿Puede alguien creer que la maleza se ha desbocado por no usar un determinado producto herbicida? Cuando la hierba empieza a crecer donde no debe e invade las aceras, ¿por qué no se actúa de inmediato?

La lista de preguntas sin respuesta puede continuar. ¿Es creíble que desde 2014 los técnicos municipales estén «ultimando» la tercera fase del proyecto del Cementerio para sacarlo a licitación? ¿De verdad la tramitación burocrática del Parquin de la Primicia es tan compleja como para que esas plazas de aparcamiento sean viejas sin que se hayan estrenado? Pero, ¿no era tan urgente y necesaria la Mesa de Desarrollo? ¿Y el Foro? ¿Tan poco peso tiene Barbastro en el conjunto de Aragón para que en otras ciudades veamos florecer proyectos sin que aquí lleguemos a olerlos? Hace casi diez años, al inicio de la crisis, en no pocos Plenos le decía la Oposición al equipo de Gobierno que había que prepararse para que, cuando las dificultades económicas comenzaran a escampar, estar en las mejores condiciones para competir. Pues aquí estamos y ya está escampando.

2 de junio de 2017

Cada vez somos todos más conscientes de la importancia que tiene la comunicación en la vida de las personas, en la familia y en la sociedad. También somos conscientes de que hemos de estar abiertos ante los desafíos de la nueva era mediática y digital y deseamos que el propio hecho comunicativo tienda puentes entre las personas. Comunicarse no es solamente hablar sino entrar en comunicación unos con otros creando lazos interpersonales que deben permitir, además, facilitar las relaciones entre las personas y las diversas instituciones políticas, culturales, económicas, religiosas, etc. Si la comunicación es buena puede haber buen conocimiento mutuo y pasar desde ahí a la mutua ayuda.

Constatamos todo esto al hilo de la reciente celebración, el pasado domingo, de la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales que se celebra en la Iglesia coincidiendo con la fiesta litúrgica de la Ascensión. Los Papas han ido escribiendo cada año mensajes propios para esta Jornada y lo ha hecho este año el Papa Francisco con este mensaje: Comunicar esperanza y confianza en nuestros tiempos.

En nuestros tiempos, precisamente, es necesario que los comunicadores estén comprometidos en ofrecer esperanza y confianza. En un contexto global en el que crece la desconfianza de unos y otros por la situación política, económica y social de muchos países, el Papa no duda en decir que son tiempos en los que se necesita, por fuerza, «esperanza y confianza». No hay que estar desinformados ignorando el drama del sufrimiento, escribe, ni hay que caer en un optimismo ingenuo. De lo que se trata, nos dice, es de creer que el mal se puede frenar y de tener un estilo de comunicación abierto y creativo, que no dé todo el protagonismo al mal, sino que trate de mostrar las posibles soluciones favoreciendo una actitud activa y responsable en las personas a las que va dirigida la noticia.

Para los cristianos­ –señala el Papa– la buena noticia es el «Evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios». En definitiva Él es la verdad y es la verdad la que produce esperanza y confianza.

 

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