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Opinión Editorial

10 de marzo de 2017

Hoy es el día de la mujer. Lo será mañana y lo fue ayer. Hoy, apagados los ecos de la oficialidad, hemos de volver a mirar una sociedad, la española, en la que ser mujer significa cobrar un 23 por ciento menos que un hombre y caminar hacia un futuro en el que, una vez jubilados, ella recibirá un 40 por ciento menos que él. Según Bruselas, la reducción de la brecha salarial en este continente se estanca, como una herida que no cicatriza, y apenas se mueven las estadísticas que indican que la mujer dedica una quinta parte de su tiempo a trabajo no remunerado –el del hogar–, el doble de lo que destina el hombre, que parece encontrar más sencillo acceder a puestos directivos en empresas, en una proporción 70 a 30,  y en bancos, de 80 a 20. Y a pesar de que el 60 por ciento de los licenciados son mujeres, a medida que se incrementa la categoría profesional, va disminuyendo su presencia, que se reduce a un 14 por ciento en puestos de alta dirección.

Hoy es el día de las mujeres que pelean para desembarazarse de esa mochila de datos adversos colgada en la espalda, en un mundo que camina hacia atrás. Cuanto mayor parece la conciencia de que esta sociedad solo será justa si se dan las condiciones para construir una igualdad efectiva, más crece la violencia ejercida contra la mujer. Violencia desde la moda, la publicidad o el cine, que venden como modernos los más rancios clichés de la mujer como objeto, primordialmente sexual, pero sobre todo como objeto y, por tanto, posesión.

Su manifestación más extrema, la violencia física y su última consecuencia, la muerte, engrosa la lista de la vergüenza en una sociedad que fracasa una y otra vez en cada mujer asesinada. Porque, avanzando en la segunda década del siglo XXI, ha de preocuparnos el férreo asentamiento de esta concepción ideológica entre las nuevas generaciones, muy vinculado a ese inexplicable aumento de la violencia de género entre parejas muy jóvenes, en las que él se alía con las nuevas tecnologías para controlar a una mujer cosificada.

Hoy ha de ser el día de la mujer, o al menos el día en que pensemos en qué hacer cada uno de nosotros para cambiar lo que estamos haciendo mal y que efectivamente lo sea. Pensemos en cómo educamos a nuestros hijos, qué comentarios hacemos, si recogemos la mesa, cómo queremos ser tratados, qué chistes contamos o reímos. Pensemos que sí, que hoy ha de ser el día de la mujer, que como ayer y como mañana, se levantará sobre un paisaje hostil, obligada a reclamar cada jornada una igualdad que el derecho ampara y los hechos niegan.

 

3 de marzo de 2017

No nos parece la Cuaresma un tiempo raro, se diga lo que se diga, porque además estamos en tiempos nuevos en esto de lo espiritual o de la espiritualidad. En la sociedad de antes parecía imposible no creer en Dios; ahora la fe es una posibilidad entre tantas otras y se valora. Si antes se hablaba del destino hoy se habla más de la decisión personal y la decisión religiosa forma parte de las decisiones personales. En este siglo se puede hacer bien la propuesta de una espiritualidad cristiana, entre otras, y hoy la demanda espiritual no es obsoleta sino que resurge indicando que el corazón humano es religioso.

La espiritualidad cristiana de la Cuaresma, que no es fin sino medio y camino para la Pascua, es capaz de crear armonía, equilibrio y sentido de vivir.  Desde una Cuaresma cristiana se aprende a afrontar y a aceptar la finitud y la limitación de la existencia humana haciendo referencia a valores profundos y vitales que ayudan a pensar, a sentir y a vivir los momentos presentes abiertos al futuro. 

Una espiritualidad cristiana, que parte de la gracia del bautismo, se aleja de un «vacío» espiritualismo y no descuida ni las responsabilidades personales ni los compromisos sociales, practica las virtudes e incide en la vida social y política. No nos corresponde ahora juzgar de otras espiritualidades y formas nuevas de acercarse a lo religioso, pero sí queremos, al menos, llamar la atención sobre la desconexión con el mundo real y su falta de incidencia en el compromiso social de algunas de ellas que pueden llevar a quienes las practican a la búsqueda individual de un bienestar personal y de evasión.

La Cuaresma cristiana es para personas alternativas que sepan caminar contracorriente, que no cedan al sistema impuesto por las modas del mercado, que demuestran con su vida que las cosas pueden ser pensadas y cambiadas y que viven de un modo que se funda en el Evangelio. 

 

24 de febrero de 2017

El pobre Bill Murray vivió la pesadilla de despertarse una y otra vez en el mismo día, el de la marmota, en la película de los 90 Atrapado en el tiempo, que acabó por convertir el nombre de esa jornada de predicción meteorológica en el símbolo de un bucle temporal de repetición ineludible. El debate presupuestario produce una sensación parecida, que nos aboca a pensar si, de aquí a un año, estaremos condenados otra vez a escuchar que el proyecto estrella del ejercicio es el Cementerio, que a ver si este año empiezan las pistas de atletismo, que la depuradora es muy necesaria en el polígono o que hay que pagar la calefacción de los colegios. Despertemos. Barbastro ha de ser mucho más.

No cabe duda de que cada uno desde su responsabilidad, sea esta la de gobernar o la de controlar al que gobierna, intenta cumplir su encomienda de la mejor manera posible.?Pero no cabe duda tampoco de que la intención no basta y de que el tiempo no aprovechado se convierte en un desperdicio, acaso un daño irreparable en las bases de un futuro para el que los proyectos se hacen viejos y, cuando se materializan, acaban por convertirse en falsas bases de crecimiento.

Sólo en campaña electoral se habla de desarrollo, perentorio cuando la crisis ocupaba titulares, secundario, parece, cuando la empezamos a dominar. La acuciante necesidad de suelo industrial público, de concretar un cuaderno de ventas, de atraer empresas, de ofrecerles los mejores servicios, de revitalizar el tejido comercial, de crear oportunidades de riqueza y, por tanto, de vida, eran prioridades hace diez años que todavía no se han hecho realidad. Pero, y sobre todo, se vislumbra una falta generalizada de visión de futuro para la ciudad, que mira lo que ocurre a su alrededor pensando, quizá, cómo se las apañan otros para ir tan rápido, tan lejos.

Aquí de lo que se trata es de las ideas, de la convicción nacida de una reflexión profunda, de la asunción una apuesta audaz que crea firmemente en un mañana más atractivo y brillante, en el que no haya miedo de lo que el viaje pueda deparar. Caminar por los mismos caminos que ya se han andado resulta seguro, pero es muy difícil que en ellos podamos descubrir algo nuevo.

 

17 de febrero de 2017

No hay que confundirse y habría que añadir «casi como», pero subrayamos la importancia que van teniendo, y ya va la IV, las Ferias de Empresas Simuladas. Los alumnos están en el aula y ejercen funciones simuladas como si se tratara de estar actuando en la empresa real y pueden poner en práctica lo aprendido entendiendo con mucha exactitud lo que pasa fuera del aula, en la vida real. En la Feria del año pasado se reunieron en el Centro de Congresos de Barbastro alrededor de 600 alumnos de 22 centros aragoneses. Estas iniciativas nos parece que son un modo eficaz para incentivar y motivar el estudio. La empresa real ya llegará y antes hay que prepararse con las debidas simulaciones que, bien preparadas, facilitan el debido aprendizaje.

Nada de esto, naturalmente, debe suponer reducir el esfuerzo y el empeño constante que requiere siempre el estudio y la preparación de las asignaturas que configuran los diferentes planes de estudio. Para estudiar hace falta, además, entusiasmo e ilusión, saber qué se quiere y cómo están los mercados de trabajo. Y hoy, en cualquier tarea educativa, deberían de confluir los padres, los alumnos, los profesores y las instituciones. Todo se necesita para que los alumnos de la sociedad real en la que vivimos, –sociedad en constante cambio y, por eso mismo, con muchas incertidumbres–, estén preparados para ser rápidos en sus respuestas y capaces de resolver problemas de forma creativa. En nuestro hoy debemos apoyarnos también en los nuevos conocimientos neurocientíficos y no olvidar la educación emocional que nos advierte de los riesgos de los estrés modernos y pide ritmos de vida menos exigentes y más armónicos y humanos. Hay que primar mucho la reflexión en la educación y, si bien debe seguir siendo comunitaria, hay que buscar el equilibrio con una enseñanza personalizada.

Nos hemos referido al principio al tema concreto de las empresas simuladas. Está claro que no tienen por qué tener estos estudios un nivel menor de compromiso y de rigor científico y, por eso, hemos hablado, en general, del estudio y de la educación. Sea bienvenido todo lo que favorezca la mejor formación de los alumnos.

 

10 de febrero de 2017

En el año 2015 se diagnosticaron en España 247.771 nuevos casos de cáncer, cifra que sobrepasa la previsión que la Sociedad Española de Oncología Médica había fijado para 2020 en función de nuestro crecimiento demográfico. Coincidiendo con el Día Mundial del Cáncer, el pasado sábado, la SEOM señaló que uno de cada dos hombres y una de cada tres mujeres padecerá esta enfermedad y ligó su incidencia, además de a los conocidos factores de riesgo que constituyen el tabaco, el alcohol, el sedentarismo y la obesidad, al aumento de la esperanza de vida, tan ligada al envejecimiento de la población.

Buscaron también la coincidencia en la conmemoración siete entidades aragonesas que representan a pacientes afectados por cáncer para denunciar que los aceleradores lineales de nuestros hospitales, que se utilizan en los tratamientos de radioterapia, son viejos y pocos, lo que hace que se utilicen mucho más de lo que se debería. Hay cinco aparatos para 1’3 millones de habitantes, cuando serían necesarios siete, y esa proporción hace, por ejemplo, que en el Miguel Servet atiendan a 700 enfermos al año, cuando lo recomendable sería entre 300 y 400. Lo peor es la consecuencia de esta situación: como los equipos son antiguos, se averían más, con lo cual aumentan los tiempos de espera, que de por sí ya tienen una demora media de entre uno y tres meses. El Gobierno de Aragón reaccionó anunciando una inversión plurianual de 8’6 millones de euros, para la compra de dos aceleradores destinados al Hospital Universitario Miguel Servet de Zaragoza y al Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa

En Zaragoza hay más habitantes, está claro, y quizá haya criterios técnicos que aconsejen su ubicación en la capital, pero no estaría de más recordar que, cuando tanto se nos llena la boca hablando del me- dio rural, de fijar población y de otros tópicos, vertebrar el territorio significa vertebrar personas. La demanda, que no es nueva, de poder dar tratamiento de radioterapia en Huesca, como en Teruel, no debería caer en saco roto.

 

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