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Opinión Editorial

19 de febrero de 2010

Si hay algo en lo que existe un consenso generalizado es en que la situación de la circulación en nuestra ciudad es de caos generalizado, y aunque esta palabra puede sonar determinante en exceso, lo cierto que las dos conceptos que la conforman –confusión y desorden– se ajustan bastante a nuestra realidad circulatoria. Si para un barbastrense resulta complicado el más mínimo desplazamiento en vehículo, resulta fácil imaginarse lo que ocurre habitualmente con nuestros visitantes, porque nuestro semanario recoge sus frecuentes quejas.
Somos conscientes de que nuestra ciudad no goza de un trazado urbano óptimo para los desplazamientos en vehículo y de que el factor de la movilidad en nuestras ciudades pasa cada día más por una inevitable renuncia al uso innecesario del automóvil en favor del peatón. Pero eso no es ni debe ser óbice, para que en la medida de nuestras posibilidades, se procure actuar con lógica y racionalidad en las decisiones que se toman sobre este y otros temas, porque al final necesariamente tienen una importante trascendencia en la actividad y el desarrollo económico cotidiano. Ahora que tanto se habla y tanto se gasta en estudios estériles sobre nuestras necesidades más básicas para favorecer el desarrollo y la actividad económica, sería buen momento para preguntar a los sectores afectados sobre cómo mejorar esta situación, que para ser transitoria ya dura demasiado tiempo.
El sentido de circulación en la calle General Ricardos puede ser un claro ejemplo de cuanto decimos, parece que por una gran mayoría se estima más racional el sentido de circulación anterior al cambio. Un cambio que se hizo con fecha de caducidad mientras duraran unas obras, y sin embargo pasan los días y se mantiene alterado, cuando creemos que nada costaría volverlo a su ser y estado anterior, que se ha demostrado más eficiente. No hay soluciones mágicas a los problemas, pero está demostrado que los más eficiente y sin duda lo más barato siempre es dejarse aconsejar por quien tiene un conocimiento y una percepción directa y desinteresada del problema sea cual sea. La circulación en Barbastro no va bien, sigue sin resolverse el problema de la escasez de estacionamientos, y sería conveniente tratar de buscar una solución de acuerdo con todas las asociaciones que representan a una parte importante del actual tejido económico de nuestra ciudad, que no nos olvidemos sigue siendo de servicios. Unos servicios que debemos tratar de prestar de la forma más cómoda y racional para sus usuarios.

12 de febrero de 2010

No pasa una semana sin que tengamos que dar alguna triste noticia sobre la forma en que se manifiesta entre nosotros la crisis económica que nos está afectando, ya sea en forma de cierres, concursos de acreedores, eres o despidos individuales. En nuestra ciudad el número de parados supera ya ampliamente el millar de personas y eso hace del todo necesaria una profunda reflexión. No faltan voces que justifican o explican la situación con grandes lecciones de macroeconomía, se habla de una deficiente estructura económica, rigideces del mercado laboral, convulsiones financieras... y eso puede ser cierto, pero nos parece necesario descender más abajo, a la microeconomía e incluso a eso que los acogidos a la moda mini llaman microgestos.
Nuestra ciudad en el terreno del desarrollo económico ha llevado una política muy deficiente, caso de que en alguna ocasión haya llevado alguna. Se ha perdido mucho tiempo y mucho dinero en estudios inútiles y parece que no hemos aprendido la lección. Ahora se nos presenta una inversión de cuarenta millones de pesetas en un nuevo Foro?Económico sin que nadie todavía haya presentado los resultados obtenidos de invertir más de cien millones de pesetas en el cercano Comurbano. ¿No tienen nuestro Ayuntamiento y nuestra Comarca funcionarios suficientes para armar una oficina de desarrollo técnica y profesional?
Con estas conductas la administración en vez de ser la solución se convierte en parte del problema. Convendría volver a algunos principios básicos para cualquier administración, en primer lugar un control exhaustivo del gasto no productivo, es decir del consuntivo y del suntuario. De eso somos igualmente culpables los ciudadanos, que nos estamos acostumbrando a las dádivas sin pensar que somos nosotros los que al final tendremos que pagar todo lo que se nos aparenta ofrecer como gratuito.
Resulta penoso ver cómo los presupuestos de nuestros organismos públicos más afines sirven para poco más que para  pagar los sueldos de sus funcionarios y sus gastos corrientes, las partidas de inversión son cada vez más microscópicas. También convendría volver al principio de subsidiariedad de la administración, puesto que todo lo hace pero mucho más caro, que haga y actúe únicamente allí donde la iniciativa privada no llegue. Sobran por todas partes empresas públicas y organismos que al final no son sino una clara competencia desleal.
No nos engañemos, la crisis actual en una gran parte se explica por la hi-pertrofia de un sector público que quiere abarcarlo todo y que cada vez deja menos espacio a un sector privado con el que compite y que para mayor desgracia tiene además que financiarlo con sus impuestos. Es hora de que las administraciones adelgacen para que todos podamos respirar un poco mejor.

5 de febrero de 2010

En 2010, Manos Unidas celebra su Campaña LI, Contra el hambre, defiende la tierra, centrada en la erradicación de la pobreza y el hambre como elemento esencial de su identidad, inspirada en los valores del Evangelio y en la Doctrina Social de la Iglesia. Este elemento, siempre central en Manos Unidas, se abordará este año desde la defensa de nuestra casa, la tierra, y la sostenibilidad del medio ambiente, teniendo en cuenta principalmente las consecuencias que el cambio climático origina para la vida de los más pobres del mundo.
Las cuestiones del cambio climático son una muestra del desorden y del egoísmo que dominan las relaciones entre los pueblos. Científicos, políticos, economistas, organizaciones ambientalistas y periodistas, entre otros, están enzarzados en la discusión sobre las verdades y las mentiras del cambio climático. En este escenario, existe el peligro de ocultar el verdadero problema humano del clima. No podemos esperar que unos y otros se pongan de acuerdo y paralizarnos en el indiferentismo. Por tanto, estas cuestiones, nos obligan a formar una nueva conciencia sobre el estado de nuestro planeta porque la crisis global en la que nos encontramos es consecuencia de un modelo de desarrollo insostenible. Estamos haciendo un mal uso de los recursos que son un bien común y que deben protegerse para las generaciones presentes y futuras. Y este mal uso tiene consecuencias que no nos afectan a todos por igual. El Sur del planeta es siempre el más desfavorecido y los más pobres los que más sufren, por ser los más vulnerables.
Hoy más que nunca urge llevar a cabo una «conversión ecológica». Estamos obligados a un efectivo cambio de mentalidad que lleve a adoptar nuevos estilos de vida. Hay que hacer más operativo el principio del destino universal de los bienes para deshacer el dramático nexo que une la crisis ambiental con la pobreza.
Es necesario superar la visión de la naturaleza como objeto de provecho y de interés puramente económico que ha producido inmensas desigualdades, injusticias y violencia para una mayoría de la humanidad.
Los recursos no pueden ser del primero que llega o del más fuerte, sino que el Universo debe considerarse como la unidad de relaciones entre todos lo que lo componen, y el ser humano como «centro y cima» al cual deben ordenarse todos los bienes de la tierra porque el ambiente sin el hombre es sólo medio ambiente. Todos somos responsables de todos.
Manos Unidas sabe que sólo mediante el cambio de actitudes y de estilos de vida, tanto del Norte como del Sur, se puede lograr un mundo más justo y solidario para absolutamente todos los habitantes de nuestro mundo.

29 de enero de 2010

El Colegio Diocesano ‘La Inmaculada’, de nuestra ciudad, ofreció el pasado sábado un cálido homenaje a seis profesores que han dejado la docencia después de una larga trayectoria profesional. Antonio Plaza, José Mora, José Fantova, Fernando Juste, Ángel Noguero y María Alfonsa Gálvez debieron sentir en esos momentos el paso y el peso de su larga historia educativa y pudieron comprobar que el valor de las obras bien hechas permanece. Con una larga lista de profesores que les precedieron abriendo caminos, ellos han pasado también a formar parte de la historia de este centro educativo diocesano, que tanto ha servido a la ciudad de Barbastro y a su comarca, y nosotros compartimos hoy con todos ellos nuestra alegría y nuestro agradecimiento por el gran servicio que es siempre el arte y el empeño de educar y dar cultura.
La verdadera educación, que saca del interior de cada persona lo mejor de sí misma, es la que ayuda a la búsqueda esforzada de la verdad. No bastan los simples conocimientos, fruto del puro cultivo de la inteligencia que recoge datos, para situarse adecuadamente en la vida. Ésta necesita tener sentido y significado para que pueda ser plenamente vivida y aquí radica esencialmente el valor de la educación. Cuando unos profesores transmiten ciencia, pero además interpretación de la misma y los valores que la sustentan, son además educadores. Y queremos resaltar que la comunidad educativa del Colegio diocesano que ahora ha felicitado a estos profesores lo ha hecho preci- samente por sus añadidas cualidades de educadores.
Y nos complace añadir, coincidiendo nosotros con el Ideario de este Centro educativo diocesano, que la transmisión del saber puede hacerse con todo rigor desde una concepción cristiana de la vida y de la existencia. La religión cristiana ofrece apoyos concretos para que pueda descubrirse mejor el significado del mundo, el de las personas, el de sí mismos y hasta el del sentido último de la vida. La fe cristiana posee elementos serios y contrastados que ponen luz en las concretas circunstancias de la vida. La doctrina cristiana, bien entendida  y asimilada, ha sido siempre fuente de esperanza y esta ha sido siempre necesaria para vivir. Esa relación entre fe y cultura, en definitiva, entre fe y vida cultivada y educada, es una relación siempre posible y nos agrada hoy constatar la realidad de este trabajo educativo al unirnos al homenaje que han recibido los citados profesores.

22 de enero de 2010

No es necesario, desgraciadamente, subrayar toda la ruina, con todas sus consecuencias, de Haití, país pobre y ahora radicalmente empobrecido. La ruina la hemos visto todos a través de tantas noticias y reportajes y lo que ahora deseamos subrayar es que Haití no sea en el futuro un país irremediablemente empobrecido. Será la fuerza del amor y de la justicia de los demás pueblos, y la fuerza de su propio coraje y esperanza, la que vuelva a ponerlo en pie para que pueda seguir mirando hacia adelante sin tanto dolor. Las sobrecogedoras imágenes que nos van llegando desde el pasado 12 de enero han despertado una corriente internacional de solidaridad y ahora hace falta que esa corriente no se pare y que esas ayudas puedan servirse de manara adecuada para remedio eficaz de tantas necesidades. Los centenares de miles de damnificados, y los numerosos niños huérfanos, van a necesitar ahora que día tras día se piense en ellos y que no se acabe la compasión cuando se acaben los ecos mediáticos de la noticia.
Ya se sabía que Haití era un país pobre. Esto ya se había denunciado en otras ocasiones pero sin demasiados resultados en su favor. De él, antes de esta tragedia, quizá algunos sólo conocían que hacía frontera con la República Dominicana y quizá algunos más que fue almacén y escala del viaje de esclavos negros hacia el continente americano. Ahora, que han quedado más arruinadas sus personas y sus edificios, todos lo conocemos más y hay que seguir pensando, por fuerza e irremediablemente ahora en Haití, pero también en una reconstrucción global del mundo. El mundo rico se tiene que dar cuenta, y esperamos que esta hora amarga le haga recapacitar, de que no puede ser posible vivir con tan escandalosas diferencias y que hay que asegurar que la justicia social y económica en el mundo predomine sobre cualquier otro afán que, por natural o propio que parezca, prive a todos los demás de lo que les pertenece desde la más elemental igualdad. Haití ahora, y otros muchos pueblos, viven aún y ahora mismo en condiciones infrahumanas mientras son quietamente contemplados por los pueblos que viven bien. La tragedia de Haití ha llegado a despertar la conciencia de muchos. Deseamos que la conciencia de todos siga despierta para que este mundo no siga como lo ha venido haciendo durante los últimos años porque desde ahí se están propiciando, como ya vemos, crisis económicas, políticas y sociales. El desafío que ahora hay que afrontar, después de la urgente e inmediata ayuda necesaria que no se puede posponer, es el convencimiento de que nadie puede enriquecerse a costa de la pobreza del otro. Haití nos necesita ahora. Sigamos convencidos de que hay que hacer un mundo más humano.

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