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Opinión Editorial

25 de noviembre de 2016

El día 20 de noviembre, fiesta litúrgica de Jesucristo, Rey del Universo, el Papa Francisco clausuró en Roma el Año de la Misericordia iniciado por él mismo el pasado 8 de diciembre. El domingo anterior fue la clausura del mismo en las diferentes diócesis del mundo y así se hizo en la diócesis de Barbastro-Monzón en el marco de una celebración de la Eucaristía presidida por el obispo Ángel Pérez Pueyo en la Concatedral de Monzón. ¿Se puede hacer un balance del mismo? No es imposible. Pero, ¿quién se atreve a saber qué han experimentado los veinte millones de personas que han peregrinado a Roma en este Año de la Misericordia o, más aún, los miles de millones que han ido a los templos jubilares de las diócesis del mundo entero? 

Se acaba el Año de la Misericordia, pero creemos que sólo en esa forma externa que se ha vivido en este Año. Si se ha puesto la misericordia en el centro de la vida y en la esencia de la misión de la Iglesia, es seguro que esta impronta no se acaba con el calendario. La misericordia de Dios, que esa es la verdaderamente experimentada y celebrada, no termina, antes bien, se renueva y puede hacernos nuevos cada mañana. Si se ha experimentado en primera persona, si de verdad se ha recibido la misericordia de Dios en el propio corazón, la misericordia se seguirá difundiendo y ese será el mejor fruto de este Año que se concluye. Si es verdad que nadie da lo que no tiene, también es verdad que el que ha recibido misericordia, la da generosamente desde su propia experiencia agradecida. Los signos de los tiempos, desde el testimonio diáfano del papa Francisco, demandan una Iglesia misionera y en salida y es claro que el signo de la misericordia, que nace del mismo ser de Dios, confirma y da credibilidad a una Iglesia que quiere vivir el servicio de la caridad como primer mandamiento.

Por eso, el balance que queremos hacer es creer que siempre es tiempo de misericordia. De este don todos teníamos y tenemos necesidad. Nuestra finitud y nuestras heridas vitales son tantas y variadas que no podemos vivir sin misericordia. Porque la misericordia está en el corazón de Dios y, desde ahí, está en el corazón del Evangelio y de la Iglesia. Y por eso, seguiremos creyendo que siempre es tiempo de misericordia. 

 

18 de noviembre de 2016

La práctica totalidad de los modelos de convivencia social coinciden en apuntar al respeto como base imprescindible para vivir en armonía con otras culturas, credos y razas, con cualquier “otro”, en definitiva. El respeto. Un valor que acaso suene antiguo pero que podría desenmarañar él solito casi todas las dificultades que entraña relacionarse con aquellos que no son como nosotros, que piensan diferente, desarrollan comportamientos que nos son ajenos y se aferran a costumbres que no comprendemos. Pero respetamos. Esta consideración hacia los demás, como las grandes vías de comunicación, traza una senda de muchos carriles y doble sentido; si yo te respeto a ti, espero que tú me respetes a mí, y conmigo a las normas de las que junto a mis vecinos hemos decidido dotarnos para facilitar aún más esa convivencia.

Muchos de esos códigos son tácitas aceptaciones de conductas que están bien y conductas que están mal; algunos son elevadas a rango de leyes con el propósito de evitar el conflicto en las sociedades organizadas. Para que la ley tenga fuerza y cumpla el objetivo con el que se diseñó, suele llevar aparejada una sanción en caso de incumplimiento que, de no llevarse a efecto, vulnera las bases de la convivencia social basada, entre otras cosas, en que todos somos iguales ante la ley, tanto para derechos como para obligaciones.

En varios puntos de Barbastro se repiten denuncias de los vecinos sobre lo que consideran conductas que no pueden estar aceptadas por la sociedad, comportamientos alejados de todo civismo o abiertamente antisociales. No es tolerable que de forma sistemática haya personas, sea cual sea su cultura, credo o raza, que arrojen la basura por la ventana y amenacen a los viandantes. Que conduzcan vehículos sin permiso, sin seguro y a toda velocidad de forma ostentosa por el centro de la ciudad. O que haya menores que campen sin supervisión paterna, que no acudan al colegio o, si lo hacen, sea en unas condiciones extraordinariamente excepcionales. Quien lo tolera, lejos de respetar al otro, consagra y radicaliza la marginalidad con la burda coartada de que aquellos son diferentes. Pues no. Todos somos iguales.

11 de noviembre de 2016

Somos una gran familia CONTIGO» deseamos que no sea un lema más que hoy se lee y punto final. En realidad es todo un proyecto de presente y de futuro y es un indicador claro de lo que es la Iglesia. ¿No sucede exactamente igual en nuestra vida? Desvinculados de una familia, ¿qué somos? Somos en una familia y así sucede en el ámbito de la fe y de la vida cristiana. Nada por libre y en solitario y todo es posible si nos sentimos y somos familia. El lema citado, pero es más que un lema, es el que da marco este año a la celebración del «Día de la Iglesia Diocesana» que se celebra en las diócesis de España el domingo 13 de noviembre.

La familia Iglesia, contigo, puede llegar a todos los ámbitos. Ya fue Tertuliano, y nos remontamos al siglo II, quien dijo primero de sí mismo: «Soy humano, luego nada de lo humano me es ajeno». Después esta frase se fue aplicando a la Iglesia y Pablo VI, un Papa metido de lleno en la modernidad que siguió al Concilio Vaticano II, dijo lo de que «la Iglesia es experta en humanidad». Instituciones de la Iglesia como Cáritas, Manos Unidas, Obras Misionales Pontificias, sacerdotes, Congregaciones religiosas, y tantos seglares que hacen tanto por los demás, van demostrando día a día que la Iglesia, contigo, está muy cerca de todo lo humano. Y además, evangeliza, es decir, lleva la buena noticia del amor salvador de Dios a los centros y a las periferias del mundo.

Economistas, políticos, sociólogos y analistas de distinto orden se esmeran en analizar por dónde van los caminos de la humanidad y dónde pueden estar las causas de las diferentes crisis, económicas y sociales, que nos afectan. Cuando la Iglesia, contigo, hace los mismos análisis, no lo hace des-de planteamientos técnicos o teóricos sino que lo que nos propone es que todos hagamos un examen de conciencia sobre las causas profundas que están en la base de las crisis de nuestro tiempo. ¿Y qué dice la Iglesia, pensamos que contigo? Que no hay que quedarse en la superficie sino que hay que ir al fondo. Las causas últimas de las crisis están en  la pérdida de los valores que dan sentido a la vida, en el culto idolátrico al dinero, en la cultura del mínimo esfuerzo y del enriquecimiento fácil y sin escrúpulos, en la insolidaridad, el materialismo y el vivir como si Dios no existiera y todo se redujera al tiempo, al final siempre mínimo, de este mundo. Nos parece que también con estos análisis se nos presenta la Iglesia como experta en humanidad. 

 

4 de noviembre de 2016

Los premios literarios de Barbastro llevarán a partir de la próxima edición un logo, diseñado para que «este regalo que la ciudad de Barbastro hace al conjunto de lectores del mundo literario español» –en palabras de la coordinadora del certamen, María Ángeles Naval– se identifique y se relacione con la población que lleva apoyando la Literatura desde al menos los años sesenta. Se incide así en el mensaje primero lanzado por Naval el año pasado: que se crea, que se sepa que el Ciudad de Barbastro de Novela Corta y el Hermanos Argensola de Poesía son los premios literarios más importantes de Aragón y de los mejores de España.

Bien lo saben los autores que concurren a la convocatoria en gran número desde países de todo el mundo, atraídos también por el sostén de dos editoriales de calado, Pre-textos y Visor, y el prestigio de unos jurados con autores de primera línea, jurados renovados y enriquecidos el año pasado. Y lo saben los lectores afines a los géneros publicados. Los más cercanos asistieron el viernes pasado a la presentación de los libros, que mejora en la Biblioteca la casi íntima ceremonia que acogía el Ayuntamiento en las últimas ediciones.

Queda ahora que lo sepa Barbastro, los lectores que aún no lo son, para completar la labor de cuantos han dado continuidad a esta maravillosa inversión cultural. Se dirá que los tiempos son malos para este empeño, pero sucede que fue el pueblo de Barbastro el que levantó estos premios, con un apoyo popular casi heroico, invirtiendo su dinero en la asociación cultural que los dio a luz. Aquel colectivo llegó a tener más socios que el futbolístico, y eso que entonces el balompié local era el deporte rey indiscutible. Los profesores llevaban a sus alumnos a las conferencias de los literatos que visitaban la ciudad y el público se daba codazos por ocupar un asiento. Y los libros de Barbastro se leían en Barbastro.

Pero, en algún momento, se perdió esta identificación de la ciudad con el certamen que la prestigia fuera de sus límites.

El momento parece idóneo para recuperar aquel idilio, con los cambios introducidos y los proyectados, y el acierto en los libros escogidos: la belleza de Los nombres de Fedossy Santaella y la contemporánea poesía de Emilio Martín Vargas. Aproveché-moslo, contagiemos a los libreros para que luzcan los libros en los escaparates, retengamos a los escritores que nos visitan en mayo para que participen, se paseen y firmen sus obras en la Fiesta del Libro; recuperemos las conferencias en torno al fallo de los concursos, pidamos a los profesores de Literatura que incluyan nuestros títulos en sus programas de lectura; por qué no promocionarlos en momentos propicios para su venta, como San Jorge o Navidad; y por qué no pensar en otro escenario y en un acto que los devuelva a la agenda social.

Que se crea, que se sepa, también aquí, que el Ciudad de Barbastro de Novela Corta y el Hermanos Argensola de Poesía son los premios literarios más importantes de Aragón y de los mejores de España. Barbastro tiene que ondear esa bandera, no hay ninguna mejor, porque la cultura, la Literatura desvanece fronteras.

 

28 de octubre de 2016

Qué cosa haya sido, o sea, Halloween ya nos lo sabemos. Nos vale con decir ahora que podría definirse como unas actividades, resultado y mezcla a la vez, de fiestas paganas del fin del verano. Cuando a esto, creemos que de manera poco acertada, se le quiso dar un tinte cristiano, se puso esta fiesta en la noche del 31 de octubre y nada menos que para celebrar la fiesta de Todos los Santos que es, en la Iglesia Católica, el 1 de noviembre. ¿Hay transfondo religioso en el Halloween? Podría ser. No sabemos ya, y lo dudamos, si queda algo de fe real y verdadera en lo que a nivel tan ex-terno se celebra. Los disfraces, los miedos y hasta el terror que aunque sea festivamente se quiere trasmitir, añadiendo lo de la noche en su versión más pagana, no hay modo de «casarlo» ni con una fe verdadera, ni con una oración sentida por los difuntos, y menos aún, con lo esencial de la fe cristiana que es la resurrección.

Ya sabemos, por otra parte, que decir que Halloween es pagano, frívolo o consumista no va a servir de mucho para contrarrestarlo. Hay ganas de divertirse en la gente, aunque sea sin pensar mucho cómo ni donde y, además, el comercio y las industrias del entretenimiento lo fomentan porque les da beneficios económicos. Valdrá más hacer una crítica objetiva de tal fiesta, ayudar a pensar en lo esencial de la vida y de la muerte, y esto no es fácil hacerlo de manera ruidosa y fantasiosa, y ofrecer alternativas. Algunas comunidades cristianas lo están intentando y preparan fiestas paralelas, un Holywins, para celebrar la fiesta de Todos los Santos, y promocionar la alegría, la vida, la luz y la santidad. Más pensadas para niños y para jóvenes, que por ahí hay que empezar, se celebran de día y si hay disfraces, que nunca son obligatorios, son de santos y se añaden a la fiesta canciones, juegos, talleres de aprendizajes, oraciones y visitas a lugares cercanos, a veces simplemente parroquiales que tienen referencias a determinados santos. Toda una fiesta, Holywins, alternativa inteligente a Halloween.

Esta iniciativa, en el tema que comentamos, de dar una solución a un problema, en vez de repetir cansinamente que hay un problema, se inició ya en el año 2002 en Francia y seis años después, en el año 2008, se inició en España en la diócesis de Alcalá de Henares y hoy se está extendiendo en otros lugares. Apostamos así por las actitudes activas y creativas y no por las pasivas de mirar, y poco más, cómo se van sucediendo las cosas. 

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