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Secciones Albarelo

3 de junio de 2011


El conocimiento acerca de los efectos de la radiación solar en la piel humana, ha avanzado mucho en los últimos 20 años. Ahora que se acerca la época estival, es muy importante recordar algunas nociones básicas.

El sol y su radiación:

Fuente de energía fundamental para la vida, el sol mejora nuestro estado de ánimo y tiene acción antidepresiva. Entre otras, emite radiaciones UVB, UVA e infrarrojos.

Efectos sobre la piel:

La piel es nuestro escudo contra las agresiones externas. Su color está determinado por el pigmento melanina.  El sol nos aporta muchos beneficios,  entre otros, nos broncea o mejora algunas enfermedades cutáneas. Sin embargo, también puede ser fatal, produciendo quemaduras, fotoenvejecimiento, daño ocular y cáncer.

Fotoprotección:

Los protectores solares, son necesarios en todo tipo de piel, con el objeto de evitar los efectos nocivos del sol, y no como se cree, para aumentar la duración de exposición. Su uso es especialmente necesario en la niñez: si su aplicación es correcta durante los primeros 18 años de vida, se reduce en un alto porcentaje la incidencia de cáncer en el futuro.

Consejos prácticos:

No exponer a los niños menores de 3 años. Evitar las largas exposiciones al sol, así como la franja horaria entre las 12:00 y 16:00 h. Proteger los ojos con gafas y no usar colonias ni otros cosméticos que puedan generar manchas posteriores.

Uso de protectores solares:

Se debe aplicar el producto en casa de forma generosa, sobre la piel seca y media hora antes a la exposición solar. Renovar la aplicación cada 2 horas y después de cada baño. El profesional sanitario le recomendará acerca de qué factor de protección es el más idóneo para su tipo de piel.

Hace poco más de un año, éramos carne de psiquiatra porque al parecer, una extraña neumonía de origen porcino nos iba a dejar para el arrastre.  Vamos, eso es lo que la OMS nos advirtió por activa y por pasiva: que un fulano llamado H1N1 iba a acabar con cientos de miles de personas  en todo el mundo, como ya lo hizo en el 18 la española. Llegaba la terrible gripe A.
¿Gripe qué? Afortunadamente nadie se acuerda del culebrón. ¿Nadie? Bueno casi. Los bolsillos de los contribuyentes son algo más pobres de lo que ya eran, a costa de unos pocos que nos la metieron pero bien doblada. Las multinacionales farmacéuticas nos inocularon la empanada mental y a su costa estuvimos dispuestos a aceptar  todo tipo de extravagancias: desde comprar vacunas de composición incierta hasta desempolvar los Tamiflú sobrantes de la gripe aviar y que por supuesto, ahora sí que sí, iban a ser la panacea. Pasando por la moda de hacer la compra con mascarilla o replantearnos muy seriamente la insana costumbre de ir dando besos por ahí o quedarnos embarazados. ¿Y qué me dicen del boom de ventas del gel milagroso que hacía al virus picadillo?
Porque de la mal llamada pandemia, acabamos con la más suave de todas las gripes desde que existe un registro histórico: 230 muertos. ¡Y eso con los datos de los países del hemisferio sur delante de las narices! Y claro, ahora los gobernantes se las ven y las desean para endiñarles  a los pobres países del este, África, (cómo no),  o a quién haga falta  tanta vacuna sobrante, a ver si recuperamos unos euros.  
Pero con el miedo no se juega, ¿o si? El Consejo de Europa  ha puesto a parir a la OMS y con razón. Su «falta de transparencia» ha sido escandalosa y francamente preocupante. Hoy ya se puede afirmar que algunos de sus principales asesores, cuyos criterios deberían ser estric- tamente científicos, están untados hasta las trancas por las grandes compañías. Nos debería inquietar y mucho, que el organismo que vela por la salud de este planeta esté en manos de los que piden cobrar por adelantado.  
Quizás sea demasiado fácil hacer crítica a toro pasado, pero es que señores, algo huele a pufo. No soy quién para decir cómo gestionar una crisis sanitaria de esta envergadura, faltaría más, pero quizás sea la oportunidad de aprender de una vez por todas de nuestros errores.  ¿Ya no hay vacas locas?, ¿los pollos ya no tienen gripe?  A la cuarta va la vencida.

Por Lucía Grasa Rodrigo. Óptico-Optometrista

En el mundo occidental, la degeneración macular asociada a la edad es la causa más frecuente de ceguera legal en personas mayores de 50 años. Es una enfermedad degenerativa que afecta a la mácula, zona de la retina responsable de la visión central, es decir, de  la visión con detalle. Se ha visto que las mujeres, de raza blanca y/o con antecedentes familiares son más propensas a padecer esta anomalía. Otros factores de riesgo son el tabaco, la obesidad y la radiación solar, entre otros.
En España, el 13% de los mayores de 65 años la están padeciendo, en cualquiera de sus dos formas, la DMAE seca y la DMAE exudativa o húmeda.
La DMAE seca es la más frecuente; representa aproximadamente el 80% de los casos, siendo ésta la de más lenta evolución y la que conlleva una menor pérdida de agudeza visual.
En cambio la DMAE húmeda cursa con una mayor sintomatología. Rápidamente se pone de manifiesto una disminución brusca de visión. Puede aparecer un escotoma central (mancha negra fija) y/o metamorfopsias (percepción de ondas en líneas rectas).
En cualquiera de las dos variantes, la detección precoz es fundamental para poderla tratar con la mayor rapidez posible. Actualmente se realizan pruebas muy sencillas, como es la Rejilla de Amsler. Con una alteración en ese test, se puede sospechar de una posible anomalía en el campo visual central y así remitir al oftalmólogo para diagnosticar.
Llevando una vida saludable; sin hábitos tóxicos, buena alimentación, ejercicio regular y protección solar (filtros 100% UVA),  y acudiendo a nuestro profesional de la visión podemos prevenir esta grave patología  y sus consecuencias.

En el pasado Congreso Nacional de Formulación Magistral, celebrado en Huesca del 28 al 30 del pasado octubre, tuve el honor de conocer a la Dra. Margarita Salas Falgueras.
En la primera impresión, me sorprendió su extrema sencillez, inherente a aquellos que no tienen nada que demostrar. Menuda, enjuta, lo decía todo a través de esos pequeños ojos cristalinos propios de quien ha vivido intensamente.
La Dra. Salas, es uno de esos quijotes de la ciencia que comentaba en el último Albarelo, quizás la mejor representación actual de aquellos que han nacido para investigar como camino hacia el servicio a los demás. Pionera en la área biomolecular, la Dra. Salas es fruto de un extraodinario esfuerzo al alcance de muy pocos y que la convirtió en una excepción en el páramo de la España de los años 50: mujer, investigadora y reconocida profesionalmente a nivel mundial.
Su curriculum da vértigo y sería imposible resumirlo en esta pequeña sección. Mano derecha del Nobel Severo Ochoa, pese a que se jubiló el pasado año, sigue trabajando en el Centro de Biología Molecular del CSIC con la misma ilusión del primer día. «Los científicos no se jubilan», sentencia.
En su paso por esta tierra, tuve la oportunidad de conocer de primera mano su visión acerca de la investigación patria «menos mal, no nos han recortado tanto como esperábamos», y de la docencia «los estudiantes no pueden quedarse aquí porque nos se les ofrece estabilidad» declara.
Leía en una entrevista que hubiera deseado ser artista, pero que al no tener suficiente talento, se hizo científica. Pero referentes como la Dra. Salas nos demuestran que también se puede hacer arte entre probetas.

Leía hace unos días, entre el estupor y la esperanza, una entrevista a la Dra. María Blasco (El Mundo, 23 agosto 2010), directora del programa de oncología molecular del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO), referente internacional en la investigación contra el cáncer y de quien se oyen campanadas de Nobel, cómo con cierta ironía contaba la precaria situación que viven los científicos españoles.

Que Jezulín y señora se jamen 400000 euros en una santiamén  por mostrar sus vergüenzas , mientras el sueldo de nuestra doctora es 100 veces menor evidencia que algo no chuta bien del todo en este país de la Esteban y  la resaca del ladrillo, de lo vulgar como denominador común y la estulticia instaurada a casi todos los niveles.

El impacto de la investigación de calidad en el desarrollo económico de la sociedad es determinante y más en estos tiempos post-ladrillazo del pan para ayer y hambre para hoy, que nos debe hacer reflexionar acerca de qué país queremos ser. El de la horterada y lo aparente, o por el contrario, apostar por un modelo serio que por cierto, ya empieza a dar resultados en países vecinos también tocados por la dichosa crisis.

Es chocante la escasa pronunciación en los medios de comunicación, los mismos de los Tomate o Sálvame de turno,  buffets libre de carroña y demagogia a tutiplén. Por no decir de los burócratas con angrucia de inauguración de centro de diseño con foto a primera plana, en muchos de los cuales nadie sabe qué se guisa en sus probetas.

Pese al indiscutible aumento de la inversión en los últimos años, éste no ha sido en absoluto proporcional a los recursos de nuestros investigadores, que siguen en condiciones de segunda, tirando del carro con talento e imaginación, los muchos hidalgos que este país siempre ha dado.

De hecho, pese a la sinrazón de un modelo educativo catastrófico en el que la investigación científica ha quedado relegada a la mera anécdota, España presenta niveles de producción científica superiores a su financiación, demostrando una vez más, la labor titánica de nuestros Quijotes.

De ellos nos va la lucha contra la enfermedad o el futuro de nuestros hijos. En definitiva, el empeño en ser mejores.

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