Banner

Secciones Albarelo

Por Dra. María Pilar Sánchez Salas. Médico Especialista en Dermatología y Venereología. Hospital de Barbastro.

El folículo piloso es el único órgano de los mamíferos que se regenera continuamente. Cada uno de los 100.000 pelos que en condiciones normales tenemos en el cuero cabelludo está formando parte de un ciclo repetitivo que siempre tiene las mismas fases: crecimiento (anagén), regresión (catagén), descanso (telogén), eliminación del tallo piloso, y de nuevo crecimiento. Así, cada uno de nuestros cabellos repetirá este ciclo de 10 a 20 veces a lo largo de la vida.

Todos nuestros cabellos no se encuentran en la misma fase; mientras que la mayoría está en fase de crecimiento, una pequeña parte  está «muriendo» y otra parte cayendo. Se considera normal que cada día perdamos de 100 a 200 cabellos, número que varía según las personas y la época del año.

La fase de crecimiento del pelo  tiene una duración variable en cada persona (entre 2 y 6 años). Es decir, si no nos cortáramos nunca el pelo, nuestro pelo no crecería indefinidamente, y no todos alcanzaríamos la misma longitud del cabello, pues dependería de cuánto durara la fase de crecimiento en nuestro caso.

Diferentes situaciones pueden romper la armonía de este ciclo y producir un aumento en la caída del pelo: anemia, enfermedades del tiroides, fármacos, baja ingesta calórica, periodo post-parto o ansiedad son las más frecuentes. Esta patología se denomina efluvio y puede ser agudo o crónico.

La alopecia más frecuente en la población general es la llamada alopecia androgénica. Es típica del varón, y se caracteriza por regresión de la línea de implantación del pelo, dando lugar a las famosas entradas y  coronilla.

También existe una variante femenina. Se debe a una mayor sensibilidad del folículo piloso a la hormona testosterona, que lo va miniaturizando progresivamente. Actualmente contamos con diferentes tratamientos  para frenar su progresión tanto en el varón como en la mujer, con eficacia variable.

Por otra parte, múltiples enfermedades dermatológicas pueden afectar al cuero cabelludo e influir en la densidad del pelo: psoriasis, liquen plano, lupus, alopecia areata o infecciones por bacterias u hongos son las principales. Algunas de ellas pueden dar lugar a una alopecia cicatricial o definitiva.

Existen múltiples creencias respecto a la caída del cabello que son auténticos mitos, por ejemplo:

  • Lavar el pelo todos los días produce pérdida de cabello. Debemos lavar el pelo con la frecuencia requerida según las características de nuestro cuero cabelludo. El pelo que cae durante el lavado es el que iba a caer en las próximas horas, e igualmente caería al peinarlo o con el roce con la almohada.
  • Si llevas el pelo largo, éste cae más. La caída del pelo no está relacionada con su longitud, lo que sucede es que cuando el pelo está corto es más difícil percibir su caída.
  • Usar gorros o sombreros podría ser perjudicial porque «asfixia» la raíz y provoca la caída del cabello. Nada más lejos de la realidad, el pelo recibe nutrientes por la raíz, no respira.


En conclusión, es recomendable consultar al dermatólogo ante cualquier  anomalía en el cuero cabelludo  o  aumento de caída del pelo. Aunque  existen múltiples enfermedades que pueden afectar a nuestro cabello, en ocasiones la caída puede ser sólo un proceso temporal y no patológico. El dermatólogo es el especialista médico que evaluará su  estado, las  causas del posible  problema y las opciones de tratamiento.

Por Dr. Juan Vidaller Borrás. Médico de Familia del C. de Salud de Barbastro

Los trastornos depresivos han aumentado en relación directa al actual sistema de vida. Los placeres de la vida nos abandonan para dar paso a la vida competitiva; y, en definitiva, a la deshumanización.
Hoy en día la depresión puede vencerse. Es más, la combinación de medicamentos junto a técnicas específicas para afirmar la autoestima, combatir el estrés, lleva a un alto número de curaciones. Pero la mejor forma de curar la depresión es prevenirla, para ello debemos insistir en lo buenos hábitos.
En la actualidad, la depresión está cobrando un desmesurado protagonismo, y afecta ya a uno de cada siete pacientes que acude al médico y afectará al 15 por ciento de la población a lo largo de su vida.
Las personas deprimidas no deben darse por vencidas porque su problema tienen solución. Para ello, son necesarias más campañas de sensibilización con el fin de generar un debate social. La familia y las amistades son fundamentales en este caso. Un enfermo necesita ver que tiene un bastón en el que apoyarse para levantarse, con el riesgo de que los propios familiares caigan también en una depresión.

Consejos para el paciente:

  • Llevar una vida sana. Una hora de actividad física al día es suficiente.
  • Seguir una dieta equilibrada. Las personas que siguen la dieta mediterránea, son  menos propensas a desarrollar depresión.
  • Evitar sustancias depresivas, como el alcohol, el tabaco o las drogas.
  • Apoyarse en el entorno de las amistades y la familia cuando se pasa mal.
  • Buscar nuevas actividades o proyectos que nos sirvan de motivación.
  • Tomarse las cosas con más calma.


Consejos para los familiares:

  • Ofrécele un apoyo constante.
  • No despreciar su enfermedad. Entender que una persona deprimida no podrá explicar qué le pasa.
  • Implicarte en su tratamiento. Acompañar al enfermo a las consultas y asegurarse de que toma la medicación.
  • Proponle actividades que le distraigan (excursiones o actividades deportivas, etc.)
  • Escúchale siempre con atención y conversa con él acerca de sus problemas.

Por Luis Escartín Azlor. Fisioterapeuta y Osteópata

La Osteopatía trata los desajustes o disfunciones articulares, musculares y vasculares del organismo, buscando el equilibrio entre la estructura (huesos, músculos, fascias, vísceras, glándulas, piel…)  y la función (respiratoria, cardiaca, digestiva, muscular), manteniendo así la salud en el cuerpo humano.
Cuando existe una alteración o lesión irreversible en la estructura está contraindicado su tratamiento, por ejemplo osteoporosis, artrosis, problemas neurológicos, etc.
La intención del tratamiento  no es mover el hueso de la articulación, no intentamos poner los huesos en su sitio, lo que se hace es dar la información adecuada en el punto que está fijado, produciendo un acto reflejo del tejido conjuntivo de la articulación.
Esto se realiza mediante unas técnicas manuales delicadas, para liberar estas áreas y aliviar la presión que se estaba ejerciendo, llamadas thrust.
La Osteopatía se divide en tres partes: estructural, visceral y craneal.
Después del tratamiento el paciente puede sentir unas reacciones  como calor, dolor muscular, escalofríos, relajación profunda… Debido a la modificación de la vascularización de la zona y al cambio de textura de los tejidos musculares, todo esto produce una nueva adaptación del organismo produciendo estos síntomas, los cuales remiten días después.
El tratamiento puede aplicarse a todo el mundo desde personas mayores hasta niños, aplicando a cada uno las técnicas adecuadas y el tipo de patología también son muy diversas desde dolores de ca-beza, sinusitis, tortícolis congénitas, dolores musculares (cervicales, dorsales, lumbares), esguinces, estreñimiento, etc.
Es fundamental que  la Osteopatía sea aplicada por un Fisioterapeuta o Médico que haya realizado la especialidad.


Por Pedro Canut. Psiquiatra

Hay una pandemia en la sociedad occidental que se ha instalado entre nosotros sin apenas darnos cuenta, se llama depresión.
Hablamos de ella con naturalidad, todos conocemos a alguien que la padece o que está de baja laboral por su causa, muchos la hemos sufrido en nuestras carnes o hemos creído que podíamos caer en sus abismos en algún momento de vacilación o incertidumbre.
Se diría que la gente de antes no se deprimía tanto. Quizá no tenían la oportunidad, ocupados en ir sobreviviendo en el duro día a día. Tal vez aquel estado de carencias permanentes les remitía con demasiada contundencia a la esencia incompleta del ser humano, alejándolos de la fantasía posmoderna de la felicidad.
¿Será cosa de la crisis? ¿O es que somos más débiles? ¿Es que nuestros cerebros han dejado de fabricar Serotonina convirtiéndonos en pusilánimes espectadores de nuestras propias vidas?
En una sociedad de consumo voraz el sujeto se encuentra a merced de las leyes que dicta el mercado, que nos propone una sucesión interminable de objetos para la satisfacción al servicio de un ideal de bienestar. La píldora de la felicidad (léase antidepresivos) viene a cumplir esa promesa de completud que inevitablemente se encuentra, tozuda, con el desencanto de vivir.
Los psiquiatras y demás profesionales de la salud mental hemos colaborado a mantener estas expectativas, creyéndonoslas en virtud de un supuesto saber absoluto de la ciencia que aspira en su mitología al control de las funciones cerebrales, de la conducta y el sentimiento humanos.
Vista así, la proliferación de sujetos depresivos por insatisfacción de unas expectativas mal calculadas es un producto de nuestro tiempo.
Vivir no es gratis. Está en la responsabilidad intrínseca del sujeto hacerse cargo del precio, conociendo los entresijos del propio deseo, detectando y asumiendo las consecuencias de decisiones que se toman permanentemente, aún de manera inconsciente y permitiéndose disfrutar de los momentos que así lo merecen.
Hay «los otros depresivos», menos glamourosos, demasiado cercanos a un vacío sin fisuras, intolerable. Siempre existieron y existirán, al margen de modas o pandemias. Se les ha venido llamando melancólicos.
Otro día hablaremos de ellos.

La fórmula magistral constituyó hasta la segunda mitad del siglo pasado, una parte muy importante de la terapéutica occidental. Muchos de nuestros lectores, todavía se recordarán con cariño en busca de ese remedio que entre morteros y probetas le había preparado su boticario.
Posteriormente, se inicia un proceso de industrialización del medicamento, con el nacimiento de las grandes compañías farmacéuticas y la desaparición de la botica de antaño como laboratorio de medicamentos, transformándose paulatinamente en la oficina de farmacia que hoy todos conocemos.
Los albarelos, las gavillas de plantas medicinales y otros objetos colgantes, son sustituidos por estanterías repletas de medicamentos comerciales. El farmacéutico debe asumir tanto el paso del arte de formular («el quehacer con las manos») al arte de dispensar («el quehacer con la palabra»), como el cambio de objetivo empresarial desde la «venta de fórmulas magistrales» a la «dispensación de conocimientos».
Sin embargo, hoy en día, la formulación magistral está recuperando su protagonismo, como medicamento siempre prescrito por el médico y adaptado a las características especiales de cada paciente. Entre otras muchas circunstancias que así la justifican, están la de elaborar medicamentos no comercializados o que se encuentren en dosis diferentes (pediatría), facilitar la administración y cumplimiento de muchos tratamientos (geriatría), personalizar la prescripción asociando diferentes moléculas o innovar seleccionando el vehículo adecuado.
Además, la formulación magistral del siglo XXI se elabora en condiciones de máxima calidad, aplicando a pequeña escala, la misma normativa que se le exige a la industria farmacéutica.

Más artículos...

Página 4 de 5

4
 

© El Cruzado Aragonés C/.  Graus, nº 10 - 22300 Barbastro (Huesca) Teléfono: 974310633 Fax: 974315183 CIF: R2200028E

D.L. HU-11-1953

Web optimizada para una resolución de 1250x768

Diseño páginas web Barbastro