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Secciones Albarelo

20 de enero de 2012

Por Edgar Abarca Lachén

 

Los dichosos medicamentos genéricos, también apodados popularmente como «transgénicos» o «genéticos», nos llevan por la calle de la amargura. Al médico por verse obligado a cambiar la prescripción de un fármaco que le daba buenos resultados y al farmacéutico, que tiene que explicar hasta la extenuación, que el medicamento es exactamente igual pero más barato. Y sobre todo, el gran afectado es el pobre paciente, que con cara de haba observa cómo su caja blanca de pastillas rojas de toda la vida para el colesterol, de la noche a la mañana ha mutado a caja azul con cápsulas verdes.

Receta médica: prescripción por principio activo

La paupérrima situación en la que nos encontramos, ha exigido medidas de recorte en el gasto público a todos los niveles, y el gasto farmacéutico no ha sido una excepción. Ante la necesidad de ahorro en medicamentos, el médico debe prescribir por el llamado principio activo, es decir, no especificando la marca comercial sino sólo la composición y dosis farmacológica.

¿Qué es un genérico?. ¿Podemos confiar en ellos?

Una vez que los medicamentos de referencia pierden su patente, los genéricos pueden comercializarse si previamente han demostrado que tienen la misma calidad, seguridad y eficacia que el medicamento de marca. La Agencia Española del Medicamento se encarga de autorizarlos tras comprobar que cumplen con todas las garantías sanitarias exigibles. Por tanto, los genéricos nos aportan ventajas por partida doble: misma calidad y eficacia a menor precio.

Asignaturas pendientes

Pero si los medicamentos son equivalentes, ¿por qué parecen tan distintos?. Que dos pastillas para lo mismo, tengan distinta forma, color, sabor o caja, solo conlleva a la confusión del paciente y a algo mucho peor: a la desconfianza en su profesional sanitario. Por ello, los medicamentos con denominación común deberían tener la misma apariencia. Al fin y al cabo, si son iguales, que también lo parezcan.

30 de diciembre de 2011

 

Por Edgar Abarca Lachén

 

La Constitución del 78, estableció las bases del nacimiento de una sanidad pública, gratuita y universal que acabó siendo el símbolo por excelencia de un país en pleno proceso de modernización. Era un modelo sanitario con altas cotas de calidad y eficacia y la sangre fluía bien por sus jóvenes arterias, siendo la envidia de países incluso más desarrollados que el nuestro.

Pero ha llovido mucho desde entonces. Nuestra sanidad que pecaba de excesos, y no cuidaba sus hábitos, con una población cada vez más numerosa y envejecida, la aparición de una moderna tecnología y costosos medicamentos, así como el despilfarro fruto de la gratuidad generalizada, iniciaron un paulatino desequilibrio con respecto a los recursos disponibles, cada vez más mermados y nuestra sanidad comenzó a dar los primeros síntomas de fatiga y malestar.

Y la placa de ateroma comenzó a acumularse en sus arterias: una cruda crisis económica con cinco millones de parados, médicos con los salarios más bajos de Europa, listas de espera kilométricas o cirujanos que llegaban a las manos por conseguir un quirófano. Por otra parte, las analíticas no resultaban precisamente favorables: retrasos en los pagos a farmacia y unas regiones cada vez más endeudadas a base de aeropuertos provinciales, televisiones autonómicas insostenibles o coches oficiales al parecer imprescindibles.

Y el infarto se produjo. Pacientes rechazados en hospitales de regiones vecinas cuyas recetas eran incompatibles e incluso la aplicación en algunas del llamado “ticket moderador”.

Lo cierto es que a día de hoy tenemos a una sanidad enferma en cuidados intensivos que requiere la imperiosa ayuda de todos, si verdaderamente deseamos su supervivencia. En estos momentos, tratarla a base de chutes de copago y espolsar al contribuyente una vez más, es una medicina cortoplacista y facilona, un simple parche de morfina en el camino.

Para una lenta pero segura recuperación, requiere de un tratamiento serio, con doctores competentes que la conciencien de la obligación de cambiar de estilos de vida: pastillas de racionalización de los recursos, buenas dosis de coherencia, financiación de lo imprescindible así como dieta de adelgazamiento con reducción de pruebas diagnósticas y visitas al médico innecesarias.

También terapia a base de una tarjeta sanitaria común para todo el país, y la potenciación de la figura del médico de familia y del farmacéutico comunitario como profesionales reguladores del gasto.

Píldoras con buenas dosis de educación sanitaria en los colegios y en los centros de trabajo, para formar a sus ciudadanos en la correcta utilización de los recursos. Ungüentos con control del endeudamiento autonómico y jarabes a base de profesionalización de los gestores sanitarios y creación de un organismo independiente, no politizado, que asesore acerca de la financiación de fármacos además de coordinar al ministerio y las comunidades.

Cuando nuestra enferma sanidad esté recuperada, tenga una vida saludable, y el electro así como las pruebas de esfuerzo sean favorables, ya podremos pedirle que haga un poco de ejercicio físico, pautando el copago. Pero ojo, siempre bajo rígido control médico, y estableciendo una rigurosa vigilancia: que no afecte a lo estrictamente necesario y que sea aplicado en función de la renta familiar o del tipo de enfermedad.

En gran medida, de nosotros dependerá la recuperación de la mayor riqueza que este país dispone: su sistema sanitario. Más nos vale.

4 de noviembre de 2011

Con los cambios de tiempo, diversos virus causan lo que llamamos «catarro», un concepto en el que erróneamente se engloban patologías respiratorias tan diversas como el resfriado y la gripe u otras con consecuencias más serias, como la bronquitis o la neumonía y que constituyen más de la mitad de todas las enfermedades agudas, con el gasto y absentismo laborar que ello genera.

Nos vamos a centrar en la más común, el resfriado, que en ocasiones puede confundirse con la gripe, que aunque más grave, presenta similitudes en sus síntomas.

Origen: Hay cientos de virus que producen el resfriado, siendo ésta la razón de que no haya vacunas. El más común es el llamado rinovirus, mientras que la gripe está causada por virus de la familia de los Orthomyxoviridae clasificados en tipos A, B y C dependiendo de su agresividad.

Modo de transmisión: Ambos se transmiten por el aire o por contacto directo con las manos. Es muy frecuente sobre todo cuando las personas se reúnen en ámbitos cerrados facilitándose así la expansión por inhalación de las gotitas que circulan en el ambiente cuando tosemos, estornudamos o por el simple hecho de hablar.

Sintomatología. Diferencias entre resfriado y gripe: Aunque ambas enfermedades suelen producir cuadros diferentes, a veces pueden confundirse:

Síntomas RESFRIADO GRIPE
Período de incubación 48-72 horas 18-36 horas
Duración 3 días Más de una semana
Virus Contagioso Altamente contagioso
Fiebre Leve o inexistente   Alta, más de 38º
Dolor de cabeza Ocasionalmente Frecuente
Dolor de garganta Frecuente Ocasionalmente

Dolor muscular y articular  

No

Secreción nasal

Abundante

Ocasional

Tos

Seca y leve Con dolor detrás del esternón (sólo si se complica)  

 

 








Medidas generales: Para ambas enfermedades, pueden ser útiles algunos consejos básicos y de sentido común tales como descansar, beber abundantes líquidos, evitar el consumo de tabaco y alcohol, abrigarse, lavarse las manos con frecuencia y usar pañuelos desechables.

Tratamiento: El aceptado para los resfriados y la gripe es sintomático, es decir, no se elimina al virus y sólo se combaten los síntomas de la enfermedad. Para ello, es útil el uso de medicamentos que contengan antitérmicos, analgésicos, antihistamínicos y descongestivos nasales, pero nunca recurrir a los antibióticos, por su absoluta ineficacia y las consecuencias posteriores por su mal uso.

Vacunación contra la gripe: Se recomienda en personas con alto riesgo de sufrir complicaciones en caso de padecer gripe: personas mayores de 65 años, niños y adultos con determinadas patologías y personal trabajador en servicios sanitarios y públicos esenciales.

Para cualquier duda o aclaración, consulte a su médico y su farmacéutico.

 30 de septiembre de 2011

Al más puro estilo Hessel viene titulado este Albarelo con el objetivo de que los lectores no permanezcan indiferentes ante una necesidad sanitaria de primera magnitud, sobre todo en el verano: beber agua.

Aunque no siempre se le otorgue la importancia que merece, el aporte de líquidos es determinante en el mantenimiento de la salud, debiendo hacer especial hincapié en niños y personas mayores por su especial vulnerabilidad.

Agua y vida: Aproximadamente el 60% de nuestro organismo está constituido por agua, donde se llevan a cabo todos los procesos bioquímicos fundamentales para mantener nuestro estado de salud, tales como el transporte de nutrientes, eliminación de sustancias de desecho o regulación de la temperatura corporal.

Equilibrio hídrico: El cuerpo humano elimina de 2 a 3 litros de agua al día,  a través de la orina, las heces, el sudor y  la respiración y debe recuperarla tomando líquidos (agua, zumos, caldos, infusiones, leche o refrescos)  y alimentos sólidos como frutas y verduras.

Deshidratación. Causas y consecuencias: La pérdida excesiva de agua corporal, así como de sales minerales, puede deberse a multitud de causas. Algunas de las más comunes son el calor excesivo,  enfermedades que cursen con diarreas, vómitos o fiebre, ejercicio físico intenso e incluso la toma de determinados medicamentos.

Las personas deshidratadas pueden sufrir dolor de cabeza, tensión baja y confusión mental. Un enorme problema de salud pública es el denominado «golpe de calor», cuando el organismo es incapaz de mantener la temperatura corporal. En el año 2003, fallecieron en Francia más de 10000 personas.

Algunos consejos útiles:

  1. Beber una cantidad mínima de 2.5 litros de líquido al día. Esa cantidad deberá verse incrementada dependiendo de determinadas circunstancias como ejercicio físico intenso o zonas geográficas con temperaturas elevadas.
  2. Beber a lo largo del día aunque no se tenga sed. Este aspecto es especialmente importante en las personas mayores.
  3. Vigilar la ingesta regular de líquidos en niños, mujeres embara-zadas y enfermos.
  4. En verano, evitar la exposición al sol en horas centrales del día.
  5. Saber que determinados medicamentos pueden aumentar la pérdida corporal de agua.
  6. Consulte con su profesional de la salud. Él le podrá asesorar acerca del modo de mantener una correcta hidratación.

29 de julio de 2011

Las pasadas semanas, los cucumbers patrios llevaron de water a las autoridades sanitarias germanas. Una cepa específica de la bacteria Escherichia coli provocó resultados trágicos en Hamburgo y en opinión de su sabia consejera de salud, Dña. Cornelia Pufer Storcks, toda la culpa la tuvieron nuestros puñeteros pepinos. Amén.

Dadas sus vergonzantes declaraciones, por una vez tenemos que ser algo más serios que los alemanes, que por cierto, poco tienen que enseñarnos en lo que a seguridad alimentaria se refiere, y manifestar sin tibiezas que España es uno de los países productores de alimentos con mayores niveles de excelencia en dicho sector. Los controles se establecen y son adaptados a las múltiples situaciones que se puedan y seguro, se van a presentar. Otro cantar es la coordinación y transmisión de información entre los diferentes organismos y la AESAN, que como se ha demostrado, debe mejorar y mucho. Siempre existirá la posibilidad de inverosímiles mutaciones bacterianas e incluso quién sabe, virus que bai-len flamenco, pero en líneas generales, podemos afirmar que estamos protegidos.

De quienes no lo estamos en absoluto, es tanto del responsable de turno que ayer le dio por la vacunación antigripal masiva y hoy decide destrozar el  mercado agrícola español a la espera de la próxima genialidad futura, así como de todos aquellos que informan en materia de salud al más puro estilo Sálvame de Luxe.

Quienes manejan la información, ¿no deberían pararse a reflexionar antes de hacer determinadas declaraciones?, ¿no habría que actuar únicamente con resultados científicos en la mano y no tan sólo con meras especulaciones? A día de hoy, ¿se sabe si había o no rastro de la cepa 0104 causante del síndrome hemolítico urémico en los pepinos españoles?. Y en caso de que efectivamente los brotes de soja sean el origen del proble-ma, ¿qué sistema se ha implantado para erradicar las infecciones?, ¿no hay relación con la posteriores contaminaciones acaecidas en Francia?

En gran medida, de nuestros hábitos dependerá el riesgo que estemos dispuestos a asumir; el uso que hacemos de los antibióticos, así como la aplicación de fertilizantes orgánicos de producción ecológica, son dos claros ejemplos. Desde El Albarelo, siempre habrá un esfuerzo por informar decentemente a los lectores en lo que a materia sanitaria acontece, pero sobre todo, en pro de reflexionar acerca de todo aquello que nos quieren hacer creer.

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