Ahora y siempre
Ángel Pérez Pueyo Obispo de Barbastro
Ahora y siempre

Por la vida

Ángel Pérez Pueyo Obispo de Barbastro
23 marzo 2025

La Jornada por la Vida, que se celebra el día 25 de marzo, fiesta litúrgica de la Anunciación del Señor, nos recuerda que cada ser humano, desde el momento de su concepción hasta su último aliento, es un hilo valioso en este gran tapiz que Dios ha tejido como vida para cada uno. El Papa Francisco, en su hospitalización, ha comunicado un mensaje de esperanza, claro y contundente: «Una sociedad justa no se construye eliminando a los no nacidos no deseados, a los ancianos que han perdido su autonomía o a los enfermos incurables».

Hoy vivimos en un mundo donde el valor vital lo da la productividad, la salud, la conveniencia o los intereses personales. Pero Dios nos ha mostrado, a través de su amor, que cada persona es sagrada, digna de ser amada y acogida. No es la eliminación del que sufre lo que nos hace mejores, sino la capacidad de sostenerlo con amor y generosidad.

El Movimiento por la Vida, al que el Papa ha dirigido su mensaje, lleva 50 años en Italia promoviendo esta «cultura de la acogida». No se trata solo de palabras bonitas, sino de acciones concretas: acompañamiento a madres en dificultades, apoyo a familias que enfrentan situaciones complicadas y defensa de aquellos que no pueden alzar su voz.

Nosotros, como comunidad cristiana, estamos llamados a ser tejido que sostiene, a ser manos que ayudan, a ser palabras que consuelan. No podemos caer en la indiferencia ni en la resignación. Cada niño que nace, cada anciano que sonríe, cada enfermo que recibe consuelo nos recuerda que la vida es un don precioso, que no nos pertenece eliminar ni descartar, sino amar y proteger.

Ojalá que, con nuestra ternura y acogida, sepamos tejer, como doña Teresa, una sociedad donde cada persona encuentre su lugar y donde nadie sea descartado. Porque, como nos ha recordado el Papa Francisco, una sociedad verdaderamente justa no elimina, sino que acoge con amor. Que esta Jornada por la Vida nos ayude a renovar nuestro compromiso con los más vulnerables, a ser testigos del amor de Dios y a proclamar con valentía que toda vida merece ser vivida.

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